JORGE GUEBELY

 

Con el presidente Duque, vuelve al gobierno el espíritu conservador puro de la elite colombiana. El mismo que nos impuso Castilla durante tres siglos de conquista y colonización. El que realmente ha gobernado durante toda la república. Desde los tiempos del viejo Bolívar, quien dejó la educación en manos de la iglesia católica, pasando por el centralista Nariño, hasta el actual Uribe, vocero indiscutible de los eupátridas colombianos.

Vuelve después del ligero desvío de Santos que, como liberal, fue un conservador incómodo. Vuelve Duque con el mismo e inoficioso discurso del ganador: “Seré el presidente de todos los colombianos”, “Combatiremos la corrupción”, … Lenguaje de fantasías políticas para feligreses, para ingenuos, o para estúpidos, según Chirac.

Vuelve al gobierno el espíritu pre-moderno que no da un paso a la modernidad por privilegiar más a los privilegiados y excluir más a los excluidos. Que se resistirá a cualquier impuesto para las grandes haciendas como acontecía con la aristocracia europea. Espíritu pre-moderno, pero de codicia neoliberal que adelantará una reforma pensional para privatizarla y una tributaria para favorecer a los empresarios. Espíritu insensible que no le incomoda residir en uno de los países más desiguales del mundo. Espíritu inmoralmente moral, fustiga al matrimonio igualitario, a la educación sexual en colegios, pero permite y cohonesta con actos deshonestos, incluyendo el crimen. Doble moral que se opone al aborto, pero no se inmuta cuando los niños colombianos mueren de hambre. De tradición racista; discrimina a los indígenas, a los afrodescendientes, a los nadie –a los que mantiene en la indigencia material-, sin embargo, se arrodilla ante el pelo amarillo del norte. De moral verticalista, de cultura patriarcal, gobierna a través de violentas dictaduras, reales o democráticas. Abusivamente injusta, pide castigo para los criminales de las farc y perdón para los del estado, para los terceros civiles, promotores del paramilitarismo y para los expresidentes de la guerra. Justicia impunemente injusta.

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