Consuelo Serrato de Plazas

«Mi hijo tenía un año y murió de hambre porque no tenía nada que darle». Esta es la desgarradora confesión  de una madre venezolana lacerada  ante el deceso de su hijo.

A la luz de tan conmovedora realidad he considerado oportuno plasmar algunas reflexiones relativas a la situación que hoy en día afronta la niñez venezolana, panorama verdaderamente aterrador que sin lugar a dudas vulnera la dignidad humana de esta franja poblacional.

Durante el ciclo de vida los seres humanos transitamos por diversas etapas cada una con características propias que la hacen única. En estricto sentido los primeros años son decisivos para el bienestar de cualquier sociedad porque es allí donde se afianzan las bases para una vida futura y justamente en ello radica la importancia de garantizar un desarrollo sano.  No obstante la realidad dista mucho de la teoría y hoy en día los derechos de los niños son  vulnerados de cara a la crisis humanitaria que afronta Venezuela.

Resulta claro que uno de los aspectos más visibles e impactantes en el actual contexto venezolano tiene que ver con el notorio aumento en los índices de desnutrición infantil  lo que constituye una flagrante omisión y persistente afectación de sus derechos fundamentales ante la escasez de alimentos, medicinas y suplementos nutricionales, determinantes para su normal desarrollo físico y cognitivo. Sobre el particular la Organización Mundial de la Salud  destaca que «los niños son los que mayor riesgo corren de morir por inanición. La desnutrición se produce en ellos con mayor rapidez que en los adultos».

Sobre esta cruda realidad la coordinadora de Caritas Internacional en Venezuela, organización que promueve el desarrollo integral de comunidades vulnerables en diversos países, destaca que «los informes trimestrales revelan la existencia de una crisis de salud pública que avanza rápidamente. Se trata de una crisis en la que el 68 por ciento de los niños demuestran sufrir diversos niveles de malnutrición y el 48 por ciento de las mujeres embarazadas cuyos casos han sido estudiados están en riesgo de malnutrición».

Por su parte una de las médicas entrevistadas en desarrollo de la investigación promovida  por el The New York Times en 21 hospitales públicos de 17 estados venezolanos resalta: «nunca en mi vida he visto tantos niños con hambre».

Ante este devastador escenario es urgente promover una mediación internacional  que conduzca a encontrar salidas oportunas y eficaces tendientes a resolver tan  dramática realidad pues hasta el momento todo se ha traducido en encuentros  y especulaciones sin concretar específicamente nada para lograr una solución apropiada. El tiempo se agota. La crisis se agudiza y en el entretanto la niñez venezolana continúa enfrentando las nocivas consecuencias por los errores de los adultos.

 

 

 

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