Marco Fidel Rocha Rodríguez

 

Un pasaje muy recurrido de la biblia es el que se refiere a “Nadie puede servir a dos señores, Mateo 6:24”, es algo que nos está ocurriendo hoy en día y es la difícil situación que atraviesan los maestros con respecto a la entrega de calificaciones por un lado y a los reclamos que tienen que atender con bastante frecuencia por parte de los padres. Desde que se inició la entrega de calificaciones por parte de los profesores con presencia de padres e hijos, se ha observado con preocupación la manera como algunos de ellos se dirigen a los maestros de manera descortés y altanera en presencia de sus hijos.

Además del rector, jefe directo del profesor, el profesor debe responder ante los padres por los resultados de sus alumnos; en algunos casos, cuando el alumno tiene un excelente desempeño académico, es felicitado y los padres reciben de buen agrado el informe del maestro, pero cuando el resultado es producto de la falta de dedicación, de no cumplir con las tareas o de manifestaciones de indisciplina que riñen con las reglas que rigen en el establecimiento, viene la debacle y algunos padres no aceptan la realidad de las notas obtenidas por sus hijos que debe a toda costa mostrar el desempeño del alumno.

Con bastante preocupación hemos visto que los padres no aceptan los resultados y sin tener en cuenta que sus hijos están presentes en el acto de entrega de notas, la emprenden contra el profesor, de hecho, allí nace la primera lección del no reconocimiento y respeto que deben tener los profesores por parte de los alumnos. En muchas ocasiones la asociación de padres de familia de los establecimientos, lejos de convertirse en un aliado para buscar la excelencia académica se han convertido en críticos permanentes de los profesores exigentes y en muchos casos pasan por alto el desempeño sin exigencia por parte de algunos maestros.

Como principio es difícil ejercer la labor docente cuando el escenario carece de actores que merecen respeto por parte de alumnos y padres que deben dar ejemplo al aceptar la realidad académica, a este modelo hay que darle una revisión y entender que la labor de formación del niño y joven estudiante nace en su hogar donde se dan los primeros elementos de respeto y disciplina, luego viene la labor del colegio donde se complementan y se reafirman los valores inculcados en el hogar. Los padres son pieza fundamental en el proceso de formación de sus hijos, no solo en el hogar sino en la institución educativa y por ello, aceptar la realidad de los resultados académicos, aceptar el mal comportamiento de sus hijos, es algo que lejos de alejarlos de la orientación profesoral los debe acercar a hacer una llave de unión para lograr los mejores resultados.

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