RICARDO AREIZA

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Un estadio de microfútbol con cancha sintética, iniciado hace tres años en el municipio de Aipe, antes el principal enclave petrolero del Huila, quedó en suspenso como muchas obras.

El presupuesto inicial 5.435 millones de pesos. El plazo de ejecución era de seis meses. Dos años y nueve meses después la obra sigue sin terminarse. La obra quedó ejecutada en un 67,82%.

Estado actual: Suspendida. Se repite la misma historia. Otro elefante blanco proyectado con regalías petroleras convertido en un monumento al despilfarro. Increíble.

Lo ejecutado hasta el momento no cumple con el objeto determinado en el proyecto. Aunque la cancha sintética fue terminada no está en funcionamiento ni que se puede hacer uso de ella en los términos que el proyecto definió como beneficio a la comunidad.

“En consecuencia los recursos cancelados generan detrimento patrimonial al Estado”, concluyó la Contraloría General de la República.

La obra quedó ejecutada en un 67% según lo reportaron los organismos de control.

La contratación

El proyecto fue iniciado por el ex alcalde Jesús Ernesto Álvarez y pese a las gestiones iniciadas por su sucesor no ha sido posible la terminación, o por lo menos, el uso de lo que está construido.

El contrato de obra No. 457 de 2015 fue adjudicado a la Unión Temporal PSPORT Aipe por un valor inicial de 5.435 millones de pesos. La interventoría (Contrato No. 455 de 2015) fue suscrita entre el municipio de Aipe y Consorcio Estadio Aipe por 380 millones.

El proyecto, financiado con regalías petroleras, contemplaba en su concepción inicial cuatro componentes: cancha sintética, graderías, una plazoleta de comidas y el sistema de iluminación.

El contratista recibió por anticipos cerca de 3.000 millones de pesos. De éstos sólo ejecutó 1.427 millones en algunas obras y faltan por amortizar cerca 1.606 millones de pesos no ejecutados.

Anomalías

El proyecto comenzó en medio de graves anomalías. En la ejecución del proyecto se detectaron grandes diferencias entre las cantidades  de obra contratadas y las obras requeridas para materializar el objetivo del escenario deportivo.

Según funcionarios del Departamento Nacional de Planeación, encargados de realizar el seguimiento, el terreno presentaba serios inconvenientes lo que obligó el replanteo del proyecto y  por lo tanto la ejecución de actividades no contempladas inicialmente. Además, se trasladó el sitio destinado para la obra 25 metros al norte debido a la presencia de una torre de almacenamiento de agua y a una subestación de energía. También se elevó la cota del proyecto para evitar eventuales inundaciones en épocas de lluvias.

Por esta razón, el proyecto fue adicionado (modificación No 1 del 18 de abril de 2016), sólo que sin autorización del Departamento Nacional de Planeación. En este cambio  se excluyeron del proyecto inicial las torres de iluminación, la cubierta en poliéster de la gradería y la plazoleta de comidas.  Los recursos destinados para éstas obras se invirtieron en realidad en el movimiento de tierras.

Estos cambios originaron un nuevo cálculo estructural, el cambio de cimentación de las graderías de pilas a zapatas (calculo estructural no era concordante con el estudio de suelos); también se incrementó la resistencia del concreto, que en el contrato estaba en 3000 psi y se subió a 4000 psi. Esto obedece a un ajuste de norma de la gradería con capacidad para 900 personas sentadas, ya que Aipe es zona de riesgo sísmico alto.

El replanteo de la obra impactó drásticamente el monto de los recursos presupuestados para las obras programadas y por lo tanto afectó el cronograma previsto.

Y como ocurre tradicionalmente con la contratación estatal, se reprogramó una mayor cantidad de obra y por lo tanto, un presupuesto adicional para asegurar la terminación.

En efecto, como lo aseguraron peritos de Planeación Nacional se requirió mayores cantidades de excavaciones, traslados y rellenos para el mejoramiento del terreno. “Al desfase del presupuesto inicial, se ocasionaron nuevos ítems y mayores cantidades de obra. Lo cual sin lugar a equívocos ha impactado financieramente el desarrollo del proyecto”

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Falencias

Una comisión de la Contraloría General de la República confirmó en el sitio las irregularidades reportadas por la Comisión de Regalías.

“La situación señalada se presentó debido a los ajustes, modificaciones y cambios que se debieron introducir al proyecto en razón a las falencias de los diseños y estudio de suelos y al desfase del presupuesto inicial, lo que ocasionaron nuevos ítems y mayores cantidades de obras, y en consecuencia el aumento en los costos para la ejecución de las obras. Lo antes dicho, produce como resultado una gestión antieconómica que genera detrimento al patrimonio público”, reportaron los investigadores.

Con anterioridad, la Auditoría General de la República había advertido que el proyecto estaba en la ruta crítica. Sin embargo, la advertencia no sirvió de nada.

¿Prioritario?

Los mismos organismos de seguridad pusieron en duda la viabilidad y sostenibilidad de un escenario de esa magnitud para un reducido sector de beneficiarios en una población que cuenta varios coliseos cubiertos para la práctica de deportes.

No obstante, la administración, respondió que el municipio no cuenta con un lugar para este tipo de deporte, y el proyecto gestionado desde la anterior administración es una necesidad sentida de sus habitantes, obteniendo el aval de Planeación Nacional.

“Adicionalmente, la construcción de esta infraestructura requería unos gastos considerables de sostenimiento, que las mismas autoridades municipales manifiestan no tener, por lo cual se corre el riesgo de desmantelamiento y vandalización una vez sean terminados y entregados al municipio, si es que se logra”.

El sitio fue cambiado.

Grandes deficiencias

Las falencias, en criterio de la Contraloría, se originaron por las deficiencias en la planeación, seguimiento y control. El proyectos fue aprobado por el Ocad sin tener un estudio técnico de suelos, sin los recursos suficientes, pero además, sin atender las prioridades y sin examinar hacia el futuro la sostenibilidad.

“En éstas circunstancias el proyecto no se desarrolló con eficacia. Se ha generado un desbalance del contrato. Se dejaron de construir ítems de la obra inicial, se realizaron nuevos ítems y en consecuencia mayores cantidades de obras, lo que finalmente, terminaron afectando el planteamiento financiero del proyecto y el tiempo de entrega de la obra objeto del contrato”.

En estas condiciones, la administración municipal fue negligente, faltó supervisión y una adecuada interventoría en la etapa contractual, concluyó la Contraloría General.

Estos hechos configuraron un detrimento patrimonial al Estado con incidencia disciplinaria y fiscal. El daño patrimonial fue establecido inicialmente en 3.025 millones de pesos.

Esta cifra corresponde al valor ejecutado y pagado (según actas de recibo parcial No.1, por $ 1.001 millones y No. 2 por $ 417 millones, más el valor sin amortizar del anticipo, por la suma de 1.606 millones de pesos.

Y lo más grave: las posibilidades de terminar la obra son remotas. El Ocad, el organismo encargado de los recursos de regalías, otro desastre.

El contrato fue modificado por la administración y los contratistas.

Trazabilidad del proyecto

El estadio fue diseñado, formulado y contratado en el segundo semestre del año 2015 por el alcalde de la época Jesús Ernesto Álvarez.  Parte de la obra fue recibida a finales fuera de tiempo. La actual administración procedió a través de la interventoría a la revisión de los estudios y diseños del proyecto, ajustándolos al reforzamiento estructural acordes con la norma NSR-10, cuyas acotaciones y recomendaciones hicieron conocer a través de los primeros informes mensuales.

La actual administración comprobó las falencias estructurales por amenaza de riesgo sísmico en zona distinta a la localización del proyecto. El semblante fue solucionado con el rediseño de cimentación y la estructura de las graderías. Además, se concluyó que el estudio inicial de suelos recomendaba una fundición superficial (zapatas y vigas) mientras que el calculista proyectó una fundición profunda (pilas), aspecto no acorde al estudio.

“En el presupuesto inicial la estructura de la gradería estaba contemplada en concreto de 3.000 PSI, cuando los cálculos iniciales eran en concreto de 4.000 PSI, aspectos que generaría nuevos ítems, mayores cantidades de obra y desde luego mayor costo al proyecto”, reportó la actual administración. Aunque afirmó que no tuvo ninguna injerencia en esta fase, ha venido buscando alternativas para la culminación y ajuste del proyecto.

En su criterio, algunas obras fueron mal estimadas según los planos (grama sintética, base, Schopack). Otras, como el movimiento de tierras, en razón a los ajustes de carácter técnico, obedecieron al mejoramiento del suelo y solamente se detectaron al momento de realizar excavaciones.

Estas obras se reprogramaron para que el terreno garantizara estabilidad en la fundición de la cancha sintética como área de graderías y plazoleta de comidas e igualmente actualizar el presupuesto por mayores cantidades, ítems nuevos y por ajuste en la norma NSR-10.

El año pasado, el proyecto no tenía los recursos para terminarlo. Sin embargo, este año el alcalde lo presentó de nuevo al Ocad para la gestión de los recursos. Sin embargo, no hay reportes de la Dirección de Planeación  sobre el estado de los trámites.

Otros proyectos en riesgo

El estadio no es el único elefante blanco. Otros cinco proyectos, como lo reportó LA NACIÓN, están enredados en Aipe con una inversión estimada de 16.802 millones de pesos.

La adecuación y mejoramiento del parque principal “Jesús María Aguirre Charry” con un costo 1.560 millones de pesos.

El más representativo: el proyecto de innovación y tecnología para las instituciones educativas del municipio de Aipe con inversiones por 6.879 millones de pesos  fue contratado durante la administración de  Jesús Ernesto Álvarez, un descalabro.

Igualmente registraron dificultades la construcción y restitución alcantarillado urbano sector barrios Las Brisas, Los Alpes, Ángel María Perdomo y Piedra Pintada 1 y 2 – Palmita noroccidente del Aipe  el valor $1.703 millones.

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