Piero Emmanuel Silva Arce

Piero Emmanuel Silva Arce

Los últimos días la comunidad académica de la Universidad Surcolombiana ha venido adelantando una serie de asambleas donde se ha discernido alrededor de los problemas por los que atraviesa la educación pública en Colombia; se ha discutido el papel que jugó la Universidad alrededor del proceso en el que algunos concejales, de manera aparentemente irregular, eligieron a la personera municipal Heydy Lorena Sánchez y al contralor municipal José Hildebrán Perdomo. Este hecho fue el detonante para que los universitarios emprendieran una serie de reflexiones sobre el papel de la universidad pública en la sociedad. Antes de la primera asamblea general, llevada a cabo el pasado 5 de septiembre, los estudiantes del programa de ciencia política habían entrado en asamblea permanente debido a su desacuerdo frente a algunas decisiones al interior de este.

Los problemas estructurales, entre los que se encuentra presente la desfinanciación de la educación pública, han generado que las universidades entren en una crisis generalizada; las malas condiciones económicas no garantizan los derechos a los diferentes estamentos y generan una inestabilidad que no permiten la consolidación de procesos de construcción de conocimiento científico. Llegó un momento crucial para que quienes hacen parte de la Universidad en todos los niveles se piensen su papel al interior de esta teniendo en cuenta el contexto y las perspectivas globales.

A cien años del Manifiesto de Córdoba hay que decir que la Universidad no ha podido desprenderse de lógicas que le impiden su avance hacia la democracia y el pensamiento crítico. Los feudos y el poder extremo de algunos actores dentro de esta institución no permiten que el oxigeno de los nuevos paradigmas del conocimiento lleguen a alimentar los debates contemporáneos. La verticalidad en los procesos de toma de decisiones en todos los niveles impide que se conozcan los problemas de fondo para plantear soluciones pertinentes; los estudiantes se vuelven números y la competencia deshumaniza unas relaciones que deberían estar basadas en la solidaridad y el afecto.

Es necesario hacer un llamado al debate argumentado, respetuoso y sincero, con el objetivo de generar un avance hacia una educación de calidad y con un sentido transformador. Los estudiantes y algunos sectores han demostrado su preocupación por los graves problemas que afronta la Universidad. La unidad frente al actual proceso, en el que suena una constituyente universitaria, se debe dar en torno la defensa de una universidad que genere ciencia, pensamiento crítico y valores libertarios.

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