En la psicología positiva existe un término conocido como la ‘’indefensión aprendida’’. Diferentes estudios han encontrado que cuando los animales están sujetos a situaciones difíciles que ellos no pueden controlar, paran de tratar de escapar, se vuelven completamente pasivos. Es decir, cuando se presentan situaciones aversivas o dolorosas y las acciones para evitarlo no han sido fructíferas, se opta por no hacer absolutamente nada más que quedarse en ese estado sin salida.

Los seres humanos somos iguales. Si usted experimenta desgarradores fracasos, una situación persistente que parece no poder cambiar, puede que haya perdido la esperanza en su habilidad para tener control sobre su vida o cambiar el rumbo de experiencias dolorosas.

En una ocasión diferente, un trastorno del estado de ánimo puede ser el responsable de llevarlo a sentir este tipo de desespero y el enfoque, dependiendo de la intensidad, debe ser diferente.

Para los que están alrededor de una persona apática, esta puede convertirse en un rompecabezas para descifrar. Preguntas y juicios como ¿Por qué no consigue un trabajo, hace amigos, come mejor, paga sus deudas, ahorra, o deja a esa persona que la está maltratando? Son los más frecuentes cuando no se tiene mayor entendimiento de la situación. Cuando no hay esperanza, cualquier esfuerzo para cambiar la situación parece una pérdida de aliento, inútil es por esto que resulta más fácil continuar en el ciclo y dejarse llevar por la corriente. No se culpe a usted mismo, puede retomar el control y dejar de sentir que todo está en su contra. Aunque suene más fácil decirlo que realmente hacerlo, hay diferentes maneras de re-encontrar esa fe y esperanza de que todo va a estar mejor, por tiempo que lleve resignándose a la situación.

Una de las recomendaciones de la psicología positiva es buscar sumergirse e identificarse con historias de personas que han sobrepasado con tenacidad situaciones adversas. Conocer sus historias al igual que rodearse de su círculo de apoyo puede inspirar y generar acción.
Por otro lado, tomar un paso fuera de la rutina ayuda a romper esa sensación de impotencia. Cosas tan básicas como cocinar una cena diferente, reconectarse con una amiga, cambiar el cuarto de lugar; puede hacer una diferencia significativa en su bienestar emocional, mental y físico. Superar la inercia que trae la impotencia empieza a generar pequeños cambios que impactan la percepción de la situación y ayudan a ir regenerando la fe.

Por último, haga un acto de amabilidad. Créame que, aunque suene a recomendación de eclesiástico, el resultado de dar, es muy beneficioso. Hacer actos de amabilidad puede tener un efecto dramático en su estado de ánimo, por ejemplo. Si nos vamos al cerebro, la amabilidad desata la liberación de serotonina -uno de los neurotransmisores relacionados con el bienestar y la felicidad- funcionando como un antidepresivo. De igual manera calma el estrés y ayuda a reducir el dolor.

Así que enfóquese en ser amable en su vida, en estar actualizando constantemente su rutina y no se quede esperando pasivamente a que las cosas cambien.

 

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