La imagen de la Virgen de Guadalupe reposa en la Parroquia que lleva su nombre, en el barrio 20 de Julio. Hernando Enrique Ricardo Sánchez, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.

Una madre que debía decidir entre su vida o la de la bebé que llevaba en su vientre por presentar una grave situación congénita, y que finalmente continuaron viviendo ambas en perfectas condiciones de salud; un hombre diagnosticado invadido de cáncer, quien luego lloraba de felicidad porque los médicos ya no le encontraron nada, son un ejemplo de los muchos testimonios que dan en Neiva las personas que han tenido una experiencia milagrosa en su vida con la Virgen de Guadalupe.

En la capital opita esta Virgen es venerada desde hace algunos años en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en el Barrio 20 de Julio de la comuna cinco. Es allí donde reposa un cuadro de aproximadamente 2 metros de la imagen de la Guadalupana. Según afirman, se trata de una fiel copia del ayate original que se encuentra en templo de Tepeyac, hoy norte de la capital mexicana. Su historia data de hace 517 años, cuando la Virgen se mostró y le habló al indígena Juan Diego, quien había sido bautizado al cristianismo por los franciscanos. Años después la Virgen de Guadalupe sería proclamada como la Patrona de México y la Emperatriz de América Latina, lo que hace que el manto le pese y tenga gran acogida en muchos lugares del mundo.

La copia fue traída a la ciudad de Neiva por un benefactor desde el país manita y se la dio al padre Juan Carlos Liévano, uno de los primeros padres de la Parroquia.

Desde entonces la milagrosa Guadalupana se ha ganado también el corazón de muchos opitas y forasteros que la visitan constantemente en esta parroquia, más en la denominada noche Guadalupana que se celebra los días 12 de cada mes, cuando la capilla se llena de feligreses en la celebración de una solemne eucaristía presidida por el párroco Hernando Enrique Ricardo Sánchez.

Son muchas las personas que visitan a diario a la guadalupana.

Llegó a Neiva en helicóptero

La virgen de Guadalupe fue entronizada en Neiva en el año 2012, en medio de una hermosa celebración en el Estadio. En ese entonces estaba en la Diócesis de Neiva Monseñor Darío Molina. Un helicóptero se posó sobre el lugar y bajó el cuadro con la imagen de la Virgen, que luego fue llevado al barrio El Jardín, donde estaría provisionalmente, mientras se buscaba un terreno en el cual construir el templo en honor a la guadalupana.

Siempre se pensó en ubicarlo en la comuna 5. Inicialmente quedaría en Monserrate, en un lugar que se utiliza como parqueadero, pero allí no se pudo construir porque las condiciones no eran las apropiadas.

Tiempo después, Isabelita Correa de Luna regaló el terreno para construirle el templo a la Virgen, en el barrio 20 de Julio donde actualmente está ubicado. “Era entonces un Guasimal, ahí habían algunos talleres, el padre Miguel Barón, que estaba en ese entonces, celebraba la misa debajo de un frondoso árbol de mango”, recuerda el actual párroco Enrique Ricardo.

Llego después a la parroquia el Padre Juan Carlos quien más sintonizó y afirmó el tema del templo en la comunidad. La imagen de la Virgen de Guadalupe fue trasladada a una casa que tomaron en arriendo, aledaña a la construcción. “Tiene una historia muy bonita. Trajeron aquí al frente el cuadro de la virgen en la camioneta y la iban a regresar porque no se tenía donde dejarla, pero el cuadro que venía en la parte de atrás se hizo pesado y el carro se pinchó, se bajó todo y no encendió, tuvieron que dejarla aquí en la casa, no se quiso ir”, narra el Padre Enrique.

Tiempo después fue nombrado el padre Fredy Alcalá como nuevo párroco, y continuó aquella bonita obra. Con él se construyó la planada de la parte interior del templo y se levantaron los muros.

Pero esto no para allí. Hoy en día, los feligreses tienen una parroquia de admirar y que en pocos años ha tenido cambios significativos en su estructura.

El párroco Enrique Ricardo, quien pertenece a la congregación religiosa italiana Misioneros de la Divina Redención, Llegó a hacer parte de esta comunidad el 18 de enero de 2016, luego de estar trabajando en Medellín con jóvenes de zonas vulnerables. Su trabajo y esfuerzo se hace muy visible. El templo cuenta ahora con cubierta, el pañete de las paredes, la sacristía, excelente electricidad, ventiladores, ventanas con su viacrucis, y el piso que se estrenó hace dos meses.

Confiesa que el mismo Monseñor Froilán Casas le dijo que la obra va muy rápido. Pero el padre Enrique dice que todo es para honra de la Virgen y por su gracia.

“La Virgen de Guadalupe tiene mucha gente que la acoge. Donde está la virgen está la gente. Sin la virgen no hay nada. Y toda esta obra es gracias a la oración, que tiene una eficacia muy grande. El que le ora a la Virgen de Guadalupe lo tiene todo con ella. Uno con la Virgen aprende mucho, si usted no aprende de su mamá no aprende de nadie. Ella debe estar en todos los momentos de nuestra vida, la Virgen es la puerta del cielo, es intercesora y corredentora, ayuda con la obra de la redención, a llevar la historia de la iglesia en un mundo tan convulsionado”, dice el guía espiritual.

Ahora el párroco Enrique tiene en mente el proyecto de adquisición de unas bancas cómodas para los feligreses. “Son 40 bancas, ya se mandaron hacer las 10 primeras bien buenas, bonitas, por ahí en noviembre llegarán. Yo hago actividades con la comunidad, y las cosas se van dando. Por ejemplo las ventanas, una por barrio, la comuna tiene 11 barrios, va hasta Los Cerritos La Independencia. Y lo mejor es que se les ve el deseo de ayudar pese a que son gente de escasos recursos”.

El templo en honor a la Virgen ha tenido significativos cambios en los últimos años.

El origen de la Virgen de Guadalupe

La aparición se inició el 9 de diciembre de 1531 en las cercanías de la Ciudad de México, entonces ciudad capital del imperio Azteca. La Virgen se le aparece al indio Juan Diego, y le pide que transmita al obispo del lugar su voluntad de que se construya un templo dedicado a Ella en el cerro Tepeyac. El obispo, al escuchar el relato del indio, le pide una prueba de la Presencia de la Madre de Dios allí. María hace crecer entonces un jardín de rosas en un cerro inhóspito y semidesértico, y se las hace recoger en su tilma (especie de poncho o manta) a Juan Diego. Luego le pide se las presente como prueba de Su Presencia al obispo. Cuando el indio abre su tilma frente al obispo, caen las flores al piso y aparece milagrosamente retratada la imagen de la Virgen María en la rústica tela. El templo dedicado a la Virgen de Guadalupe fue construido en el cerro Tepeyac, lugar de las apariciones, donde se exhibe la tilma original de Juan Diego, impresa con la mundialmente conocida imagen de la Virgen de Guadalupe.

A la tela, que se ha conservado por muchas décadas, se le han hecho varios estudios por las sorprendentes curiosidades que posee, y que aún no han tenido certera explicación.

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