Consuelo Serrato de Plazas

Como lo expresa la canción «el envidioso inventa el rumor, el chismoso lo difunde y el idiota se lo cree».

He considerado pertinente ocuparme de este tema después de escuchar el desgarrador relato de una persona cercana a mis afectos que atraviesa por un difícil momento al ser víctima de un rumor, circunstancia que le ha ocasionado enormes dificultades. Bien lo expresa el empresario estadounidense Warren Buffet «la reputación tarda 20 años en construirse y 5 segundos en destruirse».

Si hay algo nocivo en la vida que puede llegar a poner en tela de juicio el honor, el buen nombre y la honra de una persona es la malintencionada práctica del rumor el cual se propaga a tal velocidad que difícilmente puede ser neutralizado. Según el experto Michael Ritter «nada atrae más a la opinión pública que un rumor que revela algún secreto, interpreta algún dato, relata algo sospechoso o anticipa algún hecho».

Vale la pena destacar que dicha práctica ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. Jean-Nöel Kapferer subraya que «los rumores pueden ser el medio más antiguo de comunicación masiva de información o ideas. Incluso antes de que existieran los periódicos, la radio o la televisión, los rumores transmitidos por el boca a boca y las reputaciones rotas, provocaban disturbios y guerras».

Rastreando la historia son muchas las leyendas que se tejen en torno a dicho fenómeno social. Uno de los más difundidos tiene que ver con Alfred Nobel creador de los premios que llevan su nombre. Se afirma que al momento de definir las categorías excluyó las matemáticas porque presuntamente su compañera le era infiel con un famoso matemático que cumplía con las calidades  para hacerse acreedor de tan prestigioso reconocimiento. Cuando la verdad  su único interés era destacar a las personas que más hubiesen trabajado en beneficio de la humanidad tal como expresamente lo dejo consignado en su testamento.

En ese sentido podemos igualmente afirmar que los rumores pueden llegar a suscitar pánico colectivo. Cómo no  evocar aquel 18 de junio de 1987 cuando dos personas se dieron a la tarea de difundir la falsa noticia sobre el desbordamiento de la represa de Betania. Fue tal la velocidad con que trascendió la información que muchas personas alcanzaron a salir de sus casas en búsqueda de protección.

Por último  los invito para que actuemos con cautela ante las murmuraciones y en su lugar fomentemos una cultura de comunicación asertiva pues como bien se afirma mientras «la verdad se difunde a paso de tortuga, el rumor se esparce con la velocidad de una liebre». No pierdas de vista que podrías ser la siguiente víctima.

 

 

 

 

 

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