Adriana Camacho

El pasivo con el líder, el bonito con la fea, pretenciosa con humilde, alta con bajito y así hay miles de parejas que cuando vemos en público inevitablemente nos preguntamos “¿qué hacen este par juntos?”

Es creencia popular que los polos opuestos se atraen pero la verdad es que más temprano que tarde se demuestra lo contrario. Cuando de atracción interpersonal se trata, existe evidencia científica  que expone la realidad de las relaciones emocionales: ni cupido, ni química, ni atracción magnética, ni mucho menos el destino explican la elección de pareja ni predicen la duración de la relación. Ha sido demostrado, que lo más importante en los principios de la interacción está en la complementariedad entre características y rasgos de cada persona. Por ejemplo, factores como raza, edad, status, religión, valores, educación e inteligencia tienden siempre a ser similares. Cuando las relaciones están polarizadas se vuelven más intensas y el haber diferencias significativas entre ambos genera una necesidad de evolución constante que muchas parejas no están dispuestas a realizar y no sobreviven a largo plazo. Es mucho más probable que se prolonguen en el tiempo cuando las personas se complementan, manteniendo vínculos fuertes basados en la coincidencia de gustos, similitudes en actividades de interés, respeto y orgullo por estar juntos.

Es aquí cuando vemos escenarios de parejas donde uno es inactivo y el otro es energético, o alguno es analítico y el otro simplificador, ansiosa y calmada, pero hasta cierto punto. Cuando son extremos crean polos opuestos que probablemente generarán conflictos y producirán la ruptura de la relación en algún momento. La clave está en el punto intermedio, haciendo la relación más atractiva y dinámica que un campo de batalla entre dos opuestos argumentando quien tiene la razón. Cuanto más se dialogue sin imponer criterios individuales, más compatibilidad y probabilidad de que la relación sea duradera. Tampoco se trata de convertirnos en la misma persona, a pesar de que las parejas que llevan tiempo tienden a parecerse bastante, antes de que se conocieran seguramente compartían varios rasgos similares. Al final, esas diferencias no fundamentales que compartimos con nuestra pareja nos ayudarán a expandir nuestras limitaciones, a aceptar la luz y la oscuridad presentes en todos que estimula la atracción por evolucionar y mantenernos fuera de la zona de confort. Así que, los polos opuestos definitivamente los dejamos funcionando solo en la física, no en el amor.

 

 

 

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