¿Qué tan cierto es el conocimiento popular de que los seres humanos no somos naturalmente monógamos y que por esta y otras razones más la infidelidad de una u otra manera termina permeando nuestras relaciones íntimas? Sí así fuese, ¿Son los hombres más infieles que las mujeres o es esto nada más que otra concepción común? Siendo la causa más común de separación en relaciones íntimas, resulta bastante oportuno preguntarnos: ¿Qué factores contribuyen a la infidelidad?

Teorías relacionadas con la infidelidad y sus motivaciones, como el modelo de “interdependencia” económica, o “inversión social” en parejas casadas, sugieren que el balance entre costo y beneficio de infidelidad puede determinar la decisión de ser infiel o no. Si se ha invertido bastante el uno en el otro, la motivación de mantener su relación tiende a ser más fuerte. Así que, para decidir si cambiar o no de pareja, ya sea temporal o permanentemente, hay que asegurarnos de que el prospecto sea significativamente mejor que el compañero actual. Por otro lado, la sociedad y la moral son indiscutiblemente de gran importancia en la percepción y prevención de la infidelidad. Para una gran cantidad de culturas alrededor del mundo, la infidelidad es considerada como algo negativo que típicamente se mantiene en secreto en una vida clandestina, mientras hay otras culturas donde se celebra y en muchas ocasiones es la norma. Es aquí donde podemos darnos cuenta que las creencias morales y culturales juegan un rol sustancial en la prevención de romances por fuera de la relación.

Desde la psicología evolutiva, la monogamia puede restringir a los hombres de reproducirse tan frecuentemente como sea posible mientras previene a las mujeres de escoger parejas más atractivas genéticamente una vez se han casado. Usualmente, para las mujeres es de mayor importancia la fidelidad o lealtad emocional mientras que los hombres se preocupan más por transgresiones físicas. Según modelos de evolución, la razón está en que los hombres están sincronizados en asegurar su paternidad mientras las mujeres se concentran en buscar compromisos a largo plazo; aunque estos no dejan de ser simples modelos buscando explicar el comportamiento de algunos, no la regla general de todos los casos. La verdad es que cuando alguien quiere ser infiel, no importa ni su género, ni su cultura, ni sus llamados patrones naturales, pero no está demás entender que lo que aleja a las personas de la tentación en muchas ocasiones es el miedo a la soledad, los estándares morales, y los efectos en los hijos, cuando se tienen.

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