Adriana Camacho Vargas

Daniel tiene 37 años, lleva los pasados diez años en una relación de altibajos que ha acabado con cualquier rastro de autoestima que quedaba. Recurrentes episodios de ira incontrolable manifestada en gritos, amenazas y en ocasiones violencia física lo llevaban siempre a sentirse disminuido. Cada vez con menos fuerza y valor para levantarse, se preguntaba si este sí sería el límite pero una vez más caía en la falsa promesa de que las cosas iban a cambiar. ¿Será esta vez diferente?

El comportamiento abusivo de uno hacia el otro no es nada más que un esfuerzo de ganar y mantener control sobre la otra persona. Con una variación en frecuencia y severidad puede llegar a causar daños irreversibles en la victima tanto físicos como psicológicos. La violencia mal llamada ´pasional´ afecta todo tipo de relaciones románticas, extendiendo sus consecuencias a la familia, amigos, y demás personas del círculo social de la pareja. Sea abuso físico, sexual, emocional, psicológico o financiero puede desarrollarse en un ciclo destructivo capaz de acabar con la vida misma, impactando de gran manera el bienestar de la víctima, el agresor, y la comunidad entera. Por esto resulta de gran importancia mantenernos alerta a cualquier riesgo presente que nos indique si estamos involucrándonos en una relación tóxica y abusiva o alguno de nuestros queridos lo está. Factores como tensión manifestada en argumentos explosivos y amenazas que escalan, incidentes de violencia volviéndose más severos, o la etapa de ¨luna de miel¨, donde el agresor se disculpa y promete nunca volverlo a hacer muchas veces inculpando la víctima de su comportamiento irracional, seguido de un periodo de intimidad y calma, son indiscutiblemente indicadores de una relación que no va para nada bien.

Recurrentes pensamientos de desprecio hacia nosotros mismos, culpabilidad y sensación de insuficiencia suelen acompañarnos en el ciclo del abuso doméstico. ¨ ¿Pero por qué se queda con esa persona? No es la primera vez que pasa…¨ Opina la gente sin detenerse a entender la cantidad de elementos en juego influenciando nuestras decisiones y emociones en estas situaciones. La manipulación como arma de fuego, nos vuelve marionetas de nuestra pareja sin siquiera darnos cuenta y en un abrir y cerrar de ojos podemos haber perdido todo el control y respeto en nosotros mismos.

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