Conversar mejor que gritar

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JAVIER CABRERA

 

Uno de los grandes problemas en Neiva, en la actualidad es la falta de tolerancia de nuestra sociedad. Cualquier reclamo, por justo y respetuoso que sea, se convierte en motivo de discordia, el grito e incluso la amenaza o agresión personal, reemplaza la posibilidad de conversar. Algunos, equivocadamente,  creen que ante un conflicto lo importante es ganar a como de lugar, al margen de si se tiene la razón. El que grita más duro es quien triunfa, y si toca, se pasa a las agresiones verbales (madrazos y demás) e incluso personales, ya que lo importante es,  ganar.

Olvidamos la importancia de conversar, planteando argumentos en forma respetuosa, reclamando si es del caso, diciendo no de ser necesario, o pidiendo excusas y ayuda, si se requiere, pero al final de cuentas conversando.

Somos seres lingüísticos, y debemos entender que el leguaje no solo describe o comunica. Según J.L. Austin, filosofo del lenguaje del siglo pasado, este genera realidades, tiene poder de acción, transforma presente y genera futuro, de ahí la importancia de aprender a dialogar, y lo grave de insultarse emitiendo toda clase de improperios solo para logar callar al otro y ufanarse de un triunfo mediático. Epicuro decía con razón  En la discusión razonada, más gana quien es vencido por lo que aprende . Cuantos conflictos se van a las manos y generan tragedias solo por no saber comunicarnos y atender al ego que nos impulsa a ganar por ganar, así en el fondo, en realidad terminemos perdiendo.

Lo preocupante del asunto adicionalmente se plantea en dos aspectos:  El primero, es que  olvidamos que el escuchar valida el habla. No existe hablar sin escuchar, o su defecto existe pero como una simple emisión de palabras, sin efectos y sin el poder que el leguaje tiene. Razón por la cual, simplemente oímos, lo que queremos, lo que nos conviene, lo que nos incomoda, pero no lo que nos dicen…. si escucháramos con atención lo que  nos quieren decir, podríamos  abrir posibilidades, que el grito y la violencia cierran.

Lo segundo, tiene que ver con lo que estamos sembrando, ya que cada acción que tomamos es un aprendizaje para nuestros hijos, y ellos se llevan en su mente nuestra actitud violenta y poco conciliadora en su actuar futuro. ¿Queremos ver a nuestros hijos gritando en un futuro y agrediéndose para resolver sus conflictos, o preferimos verlos conversando y resolviendo cordialmente sus diferencias?. Para mí, es el momento, de dejar de gritar y aprender a escuchar para saber conversar.

Ojala esta columna la lean quienes se disputan el poder actualmente, ya que entre tanto insulto que se profesan, y ante su poca capacidad de conversación, están dejando a un país mas dividido por sus gritos y agresiones verbales, que por sus argumentos y posturas ideológicas.

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