Martha Cecilia Andrade Calderón.

Docente Investigadora. Asesora Huila Lee y Escribe 2018.

 

El itinerario del Programa Huila Lee y Escribe 2018 de la Secretaria de Educación y, con la certeza de que el Camino es la Educación, tiene como metodología de trabajo con las comunidades educativas, el Taller; pero con un adjetivo que deriva de la pedagogía crítica, el Taller Crítico.  Estrategia que viene sirviendo como proceso didáctico para motivar e incentivar hacia la lectura y la escritura desde diferentes lenguajes, géneros literarios y textos múltiples. Este nicho formativo consolida el trabajo de los 14 talleristas del programa, henchidos de compromiso y pasión por lo que hacen en una entrega incondicional tallada con herramientas literarias, lingüísticas, periodísticas y de gestión.  Así, llegan a los colegios, escuelas y bibliotecas, cruzando, montañas, surcos, ríos, y bajo el manto del sol y la lluvia para cumplir una cita laboriosa e iniciar como buenos obreros del arte, la carpintería de la palabra, por y para la palabra.

El concepto de taller en términos generales indica un lugar donde se trabaja, se labora y se transforma algo para ser utilizado. Al trasladarlo al acto pedagógico es considerado como una metodología o forma de enseñar y, sobre todo de aprender, mediante la realización de “algo”, que se lleva a cabo conjuntamente, mediado por una intención: la autoformación Lo que nos lleva a la definición planteada por Charles S.  Peirce, (1987) quien afirmaba que un signo, como el taller para nuestro caso, es aquello que significa “algo” para “alguien”, donde  con palabras aparentemente simples implica al objeto, al sujeto, al referente y al contexto del sentido. Para el caso, el aprender haciendo en grupo, permite construir sentido a esos “alguien” que participan en este, con el fin de aprehender y conocer “algo”, desde la inserción integral de lo colectivo. (Andrade y otros, 2011).

Etimológicamente, el vocablo taller es una palabra que llega al español del francés, atelier. Es sinónimo de ouvroir. Lugar donde se trabaja una obra manual. La Real Academia de la Lengua Española lo define también, en sentido figurado, como escuela o seminario de ciencias y, en bellas artes, como el conjunto de colaboradores o discípulos de un maestro.

El calificativo de “crítico” vincula el término taller con crítica, del latín criticus, y esta a su vez con crisis, que no es otra cosa que poner en tensión objetivos rectores del acto educativo para que los estudiantes desarrollen un pensamiento capaz de cuestionar, evaluar, valorar, emitir juicios y argumentar, para construir nuevos sentidos en el proceso de aprendizaje. De tal manera que en su acción, promueva el trabajo en equipo, el respeto por los puntos de vista de los otros a la luz del conocimiento y del aprender a ser en sociedad y construir haciendo.

Por eso es imposible hablar de esta metodología sin recurrir al proceso mental que fomenta el taller y es el desarrollar el pensamiento crítico. Definido este como un conjunto de posibilidades conceptuales que se deben fortalecer en los estudiantes, a partir del análisis y la síntesis entre otras. En su definición, precisa que el pensamiento crítico se concibe como un juicio autorregulado y con propósito que conduce a la interpretación, análisis, evaluación e inferencia; así como a la explicación y al equívoco.

En consecuencia, el taller crítico lleva implícito que sus participantes deben ejercer su labor desde un pensamiento crítico que posibilite una alta dosis de razonamiento; en palabras del norteamericano Maurice A. Finocchiaro (1997), la actividad desarrollada desde este pensamiento consiste en dar razones para hacer conclusiones; en llegar a estas, basándose en razones, o en deducir consecuencias a partir de premisas.

El Taller Crítico plantea un reto: tanto el docente como los estudiantes, ambos deben compartir un papel protagónico en el proceso enseñanza-aprendizaje. En él se da un aprendizaje por descubrimiento, lo que implica una combinación entre la formación teórica y la práctica. En este sentido, se convierte en una pedagogía de la pregunta, diferenciada a la pedagogía de la respuesta propia de la educación tradicional.

En esta actividad, no sólo es la voz y la visión del profesor la que recibe el discente, sino que este desde sus exploraciones y con el concurso de todos los participantes forman a partir de lo colectivo, una sinergia plurivocal que pone de manifiesto un concierto educativo provocador de lo  nuevo, donde se aplica, en términos de Morín, la capacidad de la sorpresa, la expectativa por la indagación,  el placer de la aventura, el encuentro con la contradicción  y el reto que genera la incertidumbre, todo cobran valor, para la construcción del saber. En él, el profesor actúa como moderador, coordinador o facilitador y orientador, pero eso no obsta para que esta función la pueda desempeñar un estudiante en un momento dado, de forma rotativa o de acuerdo con las conveniencias y las necesidades de cada caso.

 

Así, el taller crítico se postula como una estrategia de trabajo interactivo y un recurso pertinente para generar actos educativos que posibiliten integrar un trabajo teórico-práctico, mancomunado, con labores tendientes al desarrollo integral de capacidades intelectuales de orden superior, como lo afirma Facione, la síntesis, la conceptualización, el manejo de información, el pensamiento sistémico, la actitud crítica, la investigación formativa y la metacognición son productos de este quehacer. Esta nueva mirada al taller tiene como sustrato teórico los planteamientos del norteamericano, acerca de la importancia de generar un pensamiento crítico desde el discurso pedagógico hecho cuerpo en esta metodología. E igualmente, se constituye en un espacio de confrontación dialógica y plurivocal donde confluyen una serie de circunstancias, que en su fusión provocan el acceso a nuevas formas de aprendizajes.

 

Por otra parte, las instituciones educativas pueden utilizar el taller crítico, como metodología para la resolución de problemas reales conexos a una determinada disciplina o área del conocimiento o para adquirir un dominio técnico o una habilidad específica hacia el ejercicio de la profesión de los participantes. En ello, el taller se convierte en un entrenamiento que tiende al trabajo interdisciplinario y al enfoque sistémico, ya que de acuerdo con su naturaleza se transforma de hecho en un ámbito de actuación multidisciplinar.  Reemplaza el simple  hablar recapitulativo y repetitivo, por un hacer productivo en el que se aprende haciendo; en él todos sus integrantes tienen que aportar para resolver problemas concretos y para llevar a cabo determinadas tareas, actúa desde una metodología participativa, donde se aprende a desarrollar conductas, actitudes y comportamientos que incluyen al otro y se participa, participando.

 

Por último, es necesario señalar que en nuestros tiempos, cuando el estudiante no puede evitar los múltiples lenguajes, entre signos, símbolos e íconos que le dispensan los medios de comunicación, las TIC, la publicidad y el contexto, el taller crítico emerge como una respuesta lúdica y eficaz que predispone espacios favorables al acto educativo. Propende por las competencias comunicativas, lingüísticas y desarrolla pensamiento crítico, fundamental para hacer un uso responsable del conocimiento y construir un discurso que potencie significativamente el aprender a pensar haciendo, en particular para el Programa, el aprender a pensar para leer y escribir, para fortalecer competencias y habilidades comunicativas pero sobre todo para ser mejores personas. Esto solo se logra con un arduo trabajo de motivación que impulse hacia la praxis de lo vivido, de lo experimentado, lo cual es el alcance de los 140 talleres de Huila Lee y Escribe 2018.  Utilizar esta herramienta pedagógica descrita como un laboratorio para explorar, motivar, experimentar y fortalecer las competencias de lectura y escritura en los educandos huilenses, la convierte en la nuez didáctica del Programa.

 

 

Referencias

 

Andrade, Martha C. y otros. (2011). Estrategias de interacción oral en el aula. Una didáctica crítica del discurso educativo. Bogotá: Magisterio.

 

Facione, Peter A. & Facione, N .C. (1992). The California Critical Thinking Dispositions Inventory (CCTDI) and the CCDTI test manual. Millbrae, California Academic Press. California.

__________. 2003. Critical Thinking: What It Is and Why It Counts. (en inglés, formato PDF) http://www.calpress.com/pdf_files/what&why.pdf.

 

Finocchiaro, Maurice A. 1997. “Galileo on the World Systems” (en inglés), University of California Press, Berkeley, California.

 

Morín, Edgar. 2000. Los siete saberes necesarios a la educación del futuro. Ielsac/Unesco. Caracas. Trad. Mercedes Vallejo-Gómez.

 

Peirce, Charles. 1987. Obra lógico semiótica. Madrid: Taurus Comunicación.

 

Real Academia de la Lengua Española (1994). Diccionario. RAE: Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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