¿Y qué nos dejó el día internacional de la mujer rural?

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ENRIQUE SANDINO VARGAS

 

Sencillo. Todo empieza con la existencia de un discurso hegemónico masculino, lo cual es una realidad.

La asamblea de las Naciones Unidas explica que los días internacionales buscan sensibilizar y llamar la atención sobre problemáticas pendientes de solución. El esfuerzo no es nuevo.

Veamos. Según el Merrian-webster, el diccionario online más utilizado, “feminismo” fue la palabra más buscada durante el 2017 y su uso aumentó un 70% comparado con el 2016; por otro lado, el pacto mundial de las Naciones Unidas busca alcanzar el mundo que todos queremos, y tiene en el objetivo de desarrollo sostenible No 5, lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.   Sin ir más lejos, nuestro actual acuerdo de paz, es un documento escrito con un enfoque diferencial y de género.

¿A alguien le aburre el tema? Por supuesto, no falta quien en tono jocoso se burla e ignora el asunto, pero darle la espalda a esta problemática es invisibilizar a la mujer y eso además de ser injusto, es violento.

Pero si usted quiere hacer algo serio al respecto, yo le propongo que no se quede en el chiste del “todos y todas”, “colombianos y colombianas”, “millones y millonas”, o en la crítica al lenguaje inclusivo, que pasa por ser un lenguaje ridículo y aburrido, y que ésto y que lo otro. No le haga juego al argumento. Helen Ahl, escritora sueca no en vano sostiene que los discursos son consecuencia del lenguaje y eso tiene repercusiones; una de ellas, de lo cual estoy convencido, es la agresión contra las mujeres atizada por la idea convencional de una superioridad masculina que patrocina su discriminación. No permita narrativas que apaguen las voces femeninas y que contribuyan a banalizar sus acciones.

El registro único de victimas reporta al día de hoy 8’400.856 personas víctimas del conflicto armado, entre las cuales hay 3’796.309 mujeres víctimas del desplazamiento. La panorámica es tan dramática como puede resaltar la definición de mujer rural consagrada en el artículo 2 de la Ley 731 de 2002, “Por la cual se dictan normas para favorecer a las mujeres rurales”, “(…) mujer rural es toda aquella que sin distingo de ninguna naturaleza e independientemente del lugar donde viva, su actividad productiva está relacionada directamente con lo rural, incluso si dicha actividad no es reconocida por los sistemas de información y medición del Estado o no es remunerada.”

Pero además son esas mismas mujeres las que sobrevivieron con admirable tenacidad, y esperan un reconocimiento que trascienda más allá de la victimización, que les permita ocupar un rol decisivo en la reconstrucción del país; piense en las mujeres rurales como una gran fuerza que respalda nuestro campo colombiano, lo cual brinda esperanza.

Las voces están, pero requieren que las escuchemos y entendamos su mensaje; una de esas voces es la de la bielorrusa Svetlana Alexievich, premio Nobel de Literatura 2015, con su libro “La guerra no tiene rostro femenino”.  Pero no nos vayamos tan lejos, en Colombia Soledad Acosta Samper, en el siglo XVIII, acumuló algo más de 400 biografías de mujeres que salieron adelante a pesar de las dificultades de la época, y recientemente Annie Mendoza, con su trabajo crítico a partir del análisis de textos de novelas feministas; y si quiere aún más, puede redondear las ideas en cuanto a la problemática de la mujer en nuestro país con los escritos de la colombo-francesa, Florence Thomas.

Reflexione y deduzca si ha hecho usted parte de aquellos conformes con el modelo patriarcal dominante, y se ha dejado llevar por su inercia, o si, por el contrario, ha hecho algo al respecto.

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