Por: Francisco Argüello

No respetaron sus 87 años. A Oliva Rojas Salinas la vieron sonreír, se percataron de sus dientes en oro, la siguieron, la revolcaron y le hicieron vomitar su caja para hurtarse el metal. De ese quilate es el tamaño de la desbordada inseguridad de Pitalito, Huila, que ya obligó a sus habitantes- no es carreta- a refugiarse temprano por temor a unos delincuentes que la Policía no pudo controlar.

Al sacerdote católico Bernardo Álvarez Arango, descaradamente lo han robado 17 veces en su parroquia El Señor de Los Milagros. El cura- lo dice sin titubeos- trabaja para los ladrones porque el diezmo casi siempre queda en manos del hampa. En su iglesia los lampararios (cajas donde reposan las velas) están destruidos. Los dañaron los ladrones con hierro para hurtarse las monedas que los fieles entregan en acción de gracia. La delincuencia en el Valle de Laboyos no respeta nada. Ni siquiera al cura, a quien un hombre lo engañó, le cotizó una misa de aniversario, pero terminó dopándolo y hurtándole 30 millones de pesos que ahorraban los fieles para construir un templo en la zona rural. Ante la mirada del Milagroso, engañan y asaltan. Afuera, peor. A los carros, les quitan los espejos, los abren. Una valla con un mensaje religioso al lado de la iglesia, también se la llevaron.

Desde el púlpito y cada vez que puede, Álvarez, antioqueño, se despacha contra las autoridades. Dice que no tienen el control de la delincuencia e invita a la gente a unirse, a dejar el miedo, a dejar de ser pasiva e indolente. En Pitalito- resume- o la gente está asediada por el temor o ya le da igual un asesinato más. O, ¿cómo explicar que en el Parque San Antonio, donde todos los días concurren laboyanos, asesinen a una mujer por fleteo y nadie diga algo? La gente ni se inmuta. Lo peor, “nadie ve nada”. A las mujeres las arrastran hombres en moto, las golpean por robarlas (a otras las dopan con sustancias extrañas) y los pobladores sirven de celestinos, de testigos silenciosos porque prefieren quedarse quietos.

El sacerdote Bernardo optó por tomar medidas ante la negligencia de las autoridades. Construir al lado del templo un pequeño oratorio (para los más devotos) y cerrar en el día las puertas de la iglesia. No quiere que lo roben más.

Posdata: pocos en Pitalito se atreven a colocar arreglos de Navidad en las calles. Saben que también se los roban. No pedí cifras a las autoridades porque es una vergüenza. Todo está normal y solo es percepción. Al fin y al cabo, como dice el cura Bernardo, necesitan votos para las elecciones de octubre próximo.

Nota uno: Si yo fuera el Comandante de la Policía del Huila cambiaría a media institución en Pitalito. No sea que nos llevemos sorpresas…

Nota dos: No habría premio vida y obra a un periodista en el premio de periodismo Reynaldo Matiz. El que escogieron lo capturaron y no vuelven a ver sesiones ordinarias hasta el nuevo año para proponer otro nombre.

Nota tres: Julio Cesar Triana le ganó un pulso a Rodrigo Villalba. Le nombraron a Juan Carlos Ortiz, contralor General del Huila, un hombre de su resorte. En otra de las contralorías provinciales, nombraron a Tito Murcia, del ala andradista.

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