Piero Emmanuel Silva Arce

Piero Emmanuel Silva Arce

La semana pasada se le realizó el debate de control político al fiscal general de la nación Néstor Humberto Martínez por su negligencia y complicidad en torno a uno de los casos de corrupción más escabrosos protagonizado por Odebrecht y el grupo Aval. La empresa brasilera Odebrecht financió varias campañas políticas en América Latina con el ánimo de obtener los contratos de infraestructura más jugosos.

Está comprobado que Odebrecht trabajó en asocio con el grupo Aval de Colombia desarrollando importantes obras de infraestructura. El fiscal actual, quien ha sido el abogado de la casa Sarmiento Angulo es el que ahora supuestamente tiene que investigar el caso de corrupción Odebrecht donde está inmiscuido su jefe, Luis Carlos Sarmiento Angulo. Es como investigarse a él mismo en sus trabajos anteriores, nada objetivo para un efectivo ejercicio del derecho.

Si bien en las grabaciones que han salido por estos días es claro que Néstor Humberto sabía de las irregularidades, este nunca hizo las denuncias respectivas; por obvias razones no podía sacar a la luz casos de corrupción donde participaba su patrón. Este caso es el símbolo más contundente de la descomposición del Estado colombiano. La democracia aquí y en América Latina está traspasada por relaciones clientelares y corruptas que juegan en contra de una participación política en condiciones de igualdad y justicia. Competir en términos electorales contra aquellos que reciben y gastan millones de pesos es difícil; es casi imposible ganarles a los grandes monopolios económicos que de manera ilegal imprimen grandes sumas de dinero a las campañas.

De esos saqueos al Estado surgen políticos como Antonio Zabaraín (de Cambio Radical), una muestra de que para obtener votos no se necesita nada de inteligencia, solo dinero. Es momento para que la ciudadanía levante la voz y exija la renuncia de este tipo de personajes; las malas condiciones sociales y de infraestructura en Colombia son fruto de todos estos contubernios que se configuran para llenar el bolsillo de unos pocos. Este tipo de acciones no dejan avanzar ningún sector de la sociedad, por el contrario, se convierten en un impulsor para que en todos los ámbitos tenga que existir la corrupción. El otro año es un periodo de elecciones donde las regiones van a barajar su mapa electoral, es una nueva oportunidad para sacar a los sectores políticos corruptos que ya están alistando las chequeras para comprar votos y lealtades.

Investigador del grupo Diálogos.

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