Sergio Felipe Salamanca Borrero

El nombre es posiblemente uno de los atributos de la personalidad más importante que toda persona pueda tener. Ya desde épocas del imperio romano existía un especial desarrollo respecto del nombre y del apellido. La sociedad romana era eminentemente patriarcal lo cual se reflejaba en la estructura que las familias tenían, en las que la figura central era el Pater Familias, quien era la cabeza del grupo familiar, lo que implicaba que era el único con la capacidad legal suficiente para llevar a cabo negocios con otros paters familia.

Lo anterior fue determinante para la creación del sistema de nombres romano, sistema que estaba compuesto por un nomen, un praenomen y un cognomen. Lo que actualmente conocemos por nombre, equivaldría a lo que los romanos conocieron por praenomen, por su parte, el apellido o nomen dependía del clan familiar al cual la persona pertenecía, heredándolo directamente de generación en generación, y por último, existían casos en los que además del nombre y el apellido familiar se incluía un alias o un apodo, denominado cognomen.

En la actualidad, la legislación civil sigue reconociendo la importancia del nombre, los apellidos e incluso el de los apodos con el fin de identificar e individualizar a cada persona, lo cual ha ganado importancia más que nunca gracias al desarrollo constitucional, legal y jurisprudencial que ha tenido el nombre.

A pesar de existir una increíble historia detrás del modelo de nombre que en la actualidad utilizamos, considero que el modelo colombiano desconoce de cierta manera la importancia y el valor de las madres al restringir la escogencia del orden de los apellidos en los niños y niñas. Es por lo anterior que comparto el proyecto de ley presentado por el Representante a la Cámara Gustavo Londoño García.

Según el proyecto, es posible que los padres, de común acuerdo elijan el orden de los apellidos, y en caso de existir desacuerdo, se registrará como primer apellido el de la madre. Otra de las curiosidades del proyecto de ley, es que permitiría el registro de los hijos con un solo apellido, y al igual que en el caso anterior, en caso de desacuerdo, el apellido de la madre tiene prevalencia.

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