El señor Josué Castro, padre del joven vigilante frente a la tumba de su hijo.

“Le pusieron la lápida en el pecho…”, expresó en medio de la nostalgia Josué Castro, padre del joven vigilante Josep Rufith Castro Lavao, asesinado esta semana en medio de un millonario hurto al Instituto de Tránsito y Transporte Departamental, al cuestionar las fallas de seguridad en la sede.

En medio del llanto y la resignación, familiares, amigos y compañeros de trabajo de Josep, lo despidieron la mañana de ayer con una sentida eucaristía en la Iglesia San Antonio María Claret, y acompañaron sus restos hasta su última morada en el cementerio en Jardines El Paraíso.

Más que pedir justicia, la familia se quejó de la improvisación y errores en la seguridad que rodearon la muerte del joven. “Sé que no había cámaras, tengo información de que ahí recogían el dinero con frecuencia, todas las noches y ese día no recogieron el dinero, lo dejaron ahí casi que expuesto a que llegaran los maleantes y le quitaran la vida a mi hijo… entonces uno pide, que no se improvise”,  dijo el padre del joven.

“Desafortunadamente mi hijo fue el ‘chivo expiatorio’ de un error del Instituto de Tránsito; y la misma Laos Seguridad, debería exigir a las empresas mejores  garantías, porque, qué puede hacer un pobre vigilante en una zona aislada, solo, sin cámaras. Prácticamente le pusieron la lápida en el pecho”, señaló.

La delincuencia frustró sus sueños

Lamentablemente, la delincuencia frustró los anhelos de Josep Rufith Castro Lavao, quien soñaba con conseguir su vehículo propio, tener su propio negocio, y viajar.

“De mi hijo destaco su espíritu aventurero, a él le gustaba mucho salir, descubriendo cosas diferentes, eso lo hacía especial; también era supremamente honrado, cumplido, muy honesto”, mencionó su progenitor.

El joven de 22 años edad, llevaba 6 meses prestando sus servicios como vigilante del Instituto de Tránsito y Transporte Departamental,  a través de la empresa Laos Seguridad donde laboraba desde hace 2 años aproximadamente.

Josep terminó su bachillerato, luego prestó servicio militar, a su salida hizo algunos semestres de Comunicación Social en la Uniminuto y actualmente además de trabajar como vigilante, estaba haciendo algunos cursos de electrónica.

“Él era fuerte, era delgado pero fuerte; echado para adelante, lo que tocara hacer lo hacía”, recordó su padre.

Josep era el único hijo varón de su familia conformada por sus padres y dos hermanas una mayor y una menor. Con quienes vivía en una vivienda del barrio Cándido al norte de Neiva. “Era un buen hijo, una maravilla”, concluyó el señor Castro.

El atraco y homicidio

El hecho delincuencial, en el que fue asesinado con arma de fuego Joseph Rufith Castro Lavao, ocurrió la madrugada del pasado martes 4 de diciembre cuando vigilaba las instalaciones del Instituto de Tránsito y Transportes Departamental, ubicado a la entrada del municipio de Rivera.

Al parecer, dos delincuentes ingresaron por el costado derecho del Instituto, rompiendo la malla del cerramiento. Así llegaron hasta las oficinas donde al parecer se toparon con el vigilante en la parte frontal asesinándolo de un disparo en la cabeza con arma de fuego tipo escopeta.  Tras perpetrar el crimen, los sujetos arrastraron el cuerpo hacia la parte interna de las instalaciones.

Los ladrones lograron huir con una cifra cercana a las 7 millones de pesos del corresponsal bancario del Banco de Bogotá, que funciona en el Instituto.

Las autoridades suman esfuerzos para las adelantar las investigaciones y esclarecer el crimen. “Se va a integrar una mesa de trabajo en coordinación con Cuerpo Técnico de Investigación CTI de la Fiscalía y unidades de la Sijin de la Policía Nacional,  para adelantar un trabajo conjunto que permita esclarecer este homicidio y dar con la captura de los responsables”, expresó el Coronel.

Josep Rufith Castro Lavao, fallecido.

Fotos Julio Aya.

 

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