Consuelo Serrato

Consuelo Serrato de Plazas

¿Te suele suceder que de cara a la navidad experimentes mayor grado de emotividad? ¿Has sentido acaso que en esta época tu sensibilidad se halla a flor de piel? No es para alarmarse. Es solo un repentino y fugaz bajón anímico generado por la carga emocional que suscita la temporada decembrina.

Quizá porque se acentúan las ausencias y ello hace que evoquemos los seres queridos que partieron hacia la eternidad. O tal vez por los hijos que levantaron vuelo y se hallan ausentes del entorno familiar. Por aquellas rupturas sentimentales que hieren el alma. O por aquellos proyectos inconclusos que no fue posible llevarlos a feliz término. En fin son muchos los porqués que lo único que nos hacen recordar es que seguimos existiendo.

Sin embargo para un gran número de personas la navidad más allá de sus creencias representa un bello suceso en el que priman actos  de generosidad y reconciliación. Valores como la paz y la generosidad. Sueños hechos realidad. Experiencias y aprendizajes vividos. Reencuentro con los seres queridos. Ocasión propicia para vislumbrar un horizonte cargado de esperanzas, sueños e ilusiones.

Sin duda en esta temporada  el escenario familiar se constituye en el eje alrededor del  cual giran las celebraciones. Por ello representa oportunidad ideal para impregnarnos en familia del espíritu navideño. De una parte porque aviva el sentimiento de unidad y de otro porque redunda en el fortalecimiento del legado familiar en las nuevas generaciones. No olvidemos que a pesar de las divergencias y conflictos no resueltos entre sus integrantes la familia después de Dios es la mayor fortaleza que podemos tener y siempre estará allí para apoyarnos en circunstancias adversas. Le asiste razón a Michael Fox cuando expresa que «la familia no es algo importante. Lo es todo».

Los invito entonces para que de ser posible no se priven de compartir esta temporada en familia. ¿Cómo no evocar los seres queridos que aunque están en nosotros ya  no están con nosotros? ¿Cómo dejar de recordar aquellas anécdotas divertidas que nos hacen reír hasta el cansancio? ¿Cómo no  disfrutar las tradiciones de la época y deleitarnos con los manjares navideños? Ah, y no olvides que diciembre no es época propicia para comenzar dieta. En esta temporada tienes licencia para darte ciertos gusticos pues como bien lo dice la canción «caballero, hay que gozar la vida que de pronto el tiempo se te va. Disfruta lo que tienes que cuando te vayas, no te llevas na».

Para terminar los dejo con uno de los habituales mensajes navideños que el Sumo Pontífice transmite a sus fieles: «Que el nacimiento de Cristo Salvador renueve los corazones, suscite el deseo de construir un futuro más fraterno y solidario, y traiga a todos alegría y esperanza. Feliz Navidad».

 

 

 

 

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