Aunque ya casi se cumple un mes de la gesta continental, al ‘profe’ Albeiro Erazo aún se le entrecorta la voz y se le aguan los ojos cada vez que recuerda el día en que celebró como niño el título de la Copa Libertadores de América en Brasil y con toda la razón, fue ¡Tremenda hazaña!

Por sus venas siempre ha corrido la pasión por el deporte, especialmente por el fútbol. Cuando era joven como jugador y ahora como técnico. Nació en Gigante, es  esposo de Luz María Cárdenas y padre de cuatro hijos: Julián David, Diego Alejandro, Nicolás Albeiro y Juana María. “Son mi vida y mi adoración”, afirma.

Y aunque la vida se ha empeñado en arrebatarle la felicidad, él siempre ha encontrado el camino para seguir adelante, triunfar y sonreír. Sufrió un infarto, mientras jugaba fútbol con sus compañeros de trabajo, pero como él dice “salió bien librado”.

Luego, en el 2016 un derrame cerebral sacudió su existencia, todo parecía indicar que el sueño del fútbol quedaría atrás, pero para él los límites nunca han existido. “Los médicos me decían que no iba a poder hablar y mucho menos caminar, que pasaría mucho tiempo y no quedaría bien, pero yo caminé en ocho días y puedo hablar aunque pausado y cuando tengo emociones fuertes me bloqueo. Pero yo digo que mi corazón debe estar muy bueno, porque si aguantó la final de la Liga en penales y la final de la Copa Libertadores en penales, entonces aguanta lo que sea”.

En año siguiente se dio paso a la Liga femenina y con ella una oportunidad más para el ‘profe’. El ingeniero Diego Perdomo es amigo mío, el apostó todo por el fútbol femenino y siempre ha estado preocupado por mi salud. Él me pedía que analizara los partidos y yo me sentaba en la tribuna y luego le comentaba lo que veía. Siempre tuve relación con el equipo y estuve atento en todo el proceso”, comenta.

“Me propusieron ser el asistente técnico del ‘profe’ Douglas Calderón, pero por motivos laborales no pude, me quedé con las ganas y después me dieron otra oportunidad este año en enero apoyando al profe Virgilio Puerto”.

Pero llegó otro golpe fuerte a su vida, su padre, el que había sembrado en él, el amor por el deporte falleció el 3 de enero, pero eso no lo derribó. “Hablé con el presidente, le pedí ocho días y dijo que me tomara el tiempo que quisiera, que él me esperaba. Volví y todos me recibieron muy bien, me quedé y empezó el sueño”.

El ‘profe’ Virgilio se hizo a un costado luego de conseguir el título de la Liga, llegó Omar Ramírez, pero duró poco, abriendo el espacio para que Erazo tomara las riendas del equipo opita. “En octubre el presidente me hizo la propuesta y acepté, me daba miedo, pero asumí el reto con responsabilidad”.

De su mano, el equipo se preparó para ir a Brasil, él tenía la tarea de guiar a las jugadoras hasta la final de la Copa Libertadores y ganar el título continental y lo consiguió, triunfo que recuerda conmovido y con gran alegría.

“En el momento de los penales, estaba en la zona demarcada para los técnicos moviéndome de un lado a otro, de arriba para abajo,  pedía que Daniela atajara al menos uno y cuando lo hizo y siguió Yoreli, dije en sus pies estará el triunfo, pero pensé que estaba asustada, aunque afortunadamente hizo el gol y lo único que hice fue arrodillarme, levantar las manos al cielo y dar gracias a Dios. Se me vino a la mente mi padre, a él le dediqué el título y luego salí corriendo a abrazar a las jugadoras”, recuerda.

Para él este será un recuerdo imborrable, que siempre estará vivo en su memoria y que contará con la misma emoción una y otra vez siempre.  “Ha sido una cosa maravillosa, en un solo año he conseguido lo que muchos técnicos quisieran alcanzar y no han podido. Dios me puso en el momento justo y a la hora precisa para darme estas alegrías. Pero siempre tengo los pies en la tierra, agradezco siempre a Dios, primero él y luego todo lo demás”.

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