“Me devolvieron la vida”, Así lo afirmó Luz Helena Marroquín al preguntarle qué ha significado para ella ser parte de la Corporación Fundadores del Mañana, que como a ella ha salvado a muchas personas de las calles, ayudándolas a dejar atrás la drogadicción, enseñándoles que siempre se puede volver a empezar, que la vida siempre da segundas oportunidades y la oportunidad de volver a sonreír.

A Luz Helena, un desamor la llevó a las calles, consumía bazuco y reciclaba para poder drogarse, cada vez se fue hundiendo más, hasta que perdió a su familia y a sus hijos. Pero desde hace diez meses decidió darle un giro de 180 grados a su vida, cuando ya había tocado fondo decidió levantarse y soñar con un futuro mejor.

“Llegué en un estado lamentable, muy flaca, me sentía muy mal. Para mí haber subido de peso y hablar ahora con mi familia es algo muy bonito que me ha pasado desde que estoy acá. Pude ver a mi hija y aunque la tenga el Bienestar Familiar, quiero luchar por ella, mi sueño es tenerla a mi lado”, dijo.

“Una de las cosas más difíciles para mí, ha sido la desintoxicación de mi cuerpo porque en ese proceso empecé a sentir vómito, mareos, me salieron granos y me desesperaba por ir a consumir  y tuve una recaída que me dio más duro, pero me paré firme y no he vuelto a caer”, añadió.

Eduardo Castillo, director de la Corporación manifestó que “la misión de nosotros es rehabilitar a personas en situación de drogadicción mediante un modelo teo-terapéutico, llevamos once años trabajando en el país, hay varias sedes y en Neiva estamos hace más de un año y estamos pensando en abrir otra sede en Garzón”.

La Corporación se sostiene gracias a personas de buen corazón que hacen sus aportes, además venden traperos y galletas para colaborar entre todos con los gastos de la casa ubicada en el barrio Gaitán. “En este momento hay 20 personas en la casa. El proceso de rehabilitación dura un año y la meta de nosotros es que la persona que salga de esa vida ayude a los que siguen consumiendo drogas”.

Nos hacen mucha falta más recursos, porque queremos ayudar a muchas personas más. Es importante que el Gobierno, las empresas públicas y privadas, así como las personas nos den una mano, sería muy bueno que nos pudieran ayudar con cualquier aporte, lo que quieran para nosotros sería muy valioso”, expresó.

 

 

Carlos Pino que vivió en las calles del barrio Cándido, llegó hace nueve meses a la casa donde “todos son una familia”, descalzo y desorientado llegó a pedir ayuda y le abrieron las puertas.  “También para mí ha sido un renacer, llevo nueve meses en mi proceso y quiero cambiar. Yo estaba en las calles delinquiendo y reciclando, duré 20 años vagando, consumiendo sustancias psicoactivas, conocí la calle del Cartucho, el Bronx, anduve por muchas partes del país, hasta que llegué a Neiva”.

Pino, contó en qué momento sintió que había tocado fondo y que era hora de cambiar su vida. “A los 18 años comencé y este camino de las drogas es terrible, no se lo deseo a nadie yo solo me refugiaba en las drogas y en el alcohol, no le encontraba sentido a mi vida, estaba pensando en quitarme la vida. Parado en un puente, me sentía solo, y siendo el día de mis cumpleaños me sentí solo, tenía drogas ahí conmigo, de todo, pero me sentía vacío y ahí en ese momento pensé que no podía seguir más así”.

Ahora tiene un sueño, a  sus 38 quiere finalizar su carrera de derecho, graduarse, ser un gran abogado y con su ejemplo ayudar a más personas a salir de la drogadicción. “Tengo una oportunidad de integrarme a la sociedad, en las calles la gente nos ve de manera indeseable y hasta se cambia de andén, pero ahora tengo un nuevo chance de ser alguien diferente. Quiero ser un abogado, estudié seis semestres de derecho en la Universidad Libre de Pereira y tener otra fundación donde puedan ayudar más personas que quieran cambiar su vida como lo estoy haciendo yo”.

Carlos Pino lleva nueve meses en su proceso de rehabilitación.

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