Froilán Casas Ortiz

Permíteme amigo lector ofrecerte algunos consejos para este nuevo año que apenas ha comenzado. Recuerda una cosa: el pasado no tiene arreglo y el futuro depende como construyas el presente. Por favor, no te regañes por los errores que cometiste, el aceptar que te equivocaste, ya es signo de sabiduría, quiere decir que tú vas a cambiar. Recuerda que reconocer el error es ganar la verdad; la terquedad es signo de poca inteligencia; tú no eres perfecto, eres perfectible; lo que hiciste bien hoy, lo puedes mejorar mañana. No seas prepotente ni arrogante, esto no es rentable, esto resta, no suma. Mira atrás y agradece a Dios: El pasado debe mirarse con agradecimiento; una de las peores ofensas en la relación humana es el desagradecimiento. Sé agradecido, es propio de personas nobles ser grato. Mira al frente y confía en Dios: Recuerda, tú eres débil, más frágil que el pétalo de una rosa, pero eres fuerte en Dios. Dios no te ha hecho basura, tú eres la criatura más importante para Él. No reduzcas a Dios a agüeros y hechicerías. No hagas de Dios una gelatina que la acomodas a tus caprichos muchas veces marcados por el egoísmo y la ambición. Confía en Dios y ponte bajo su voluntad. Mira a tu alrededor y sirve a Dios: El que no vive para servir, no sirve para vivir. No seas zángano, no pide, ofrece que esto te hace crecer y te hace signo de Dios; Dios te creó para vivir no para vegetar. Las personas que sirven con alegría se recuerdan con amor. No hay persona más incómoda que una persona que trabaje de mala gana, sin pasión. Mira en tu interior y encuentras a Dios: No te desprecies, tú eres “imagen y semejanza de Dios”. Cuida tu cuerpo, cuida tu salud, tu cuerpo es “templo del Espíritu Santo”, no lo prostituyas con tu desorden sexual, con la embriaguez, con la gula y tu falta de disciplina; practica algún deporte. Cuando tú descubres que eres “imagen de Dios”, te valoras tú y valoras a los otros. Todo lo que tú hagas en favor de los otros, Dios te lo premiará. No seas huraño, deja huella. Por favor, en el otro, descubre a Dios; sé amable, esto te hace añorar. Distínguete por tu servicio, sé acogedor, esto abre puertas y deja huellas imborrables de gratitud. Al final de tu vida terrena, Dios no te preguntará por los viajes que hiciste, las prendas que compraste, los autos que estrenaste, las comidas que comiste, los títulos que obtuviste, las lenguas que hablaste, los libros que leíste, las condecoraciones que lograste, los cargos que tuviste, el dinero que ganaste. Te preguntará: ¿a quién amaste? Sólo el amor es digno de fe, lo demás son ritos mágicos y sin compromiso social. No utilices a Dios reduciéndolo a tus caprichos mezquinos y cargados de avaricia. No hagas de Dios una mercancía comercial en donde el mercado persa de religiones te ofrece cachivaches, símbolos y sortijas que nutren tu irresponsabilidad social; haces a Dios a tu imagen y semejanza. Dios no es un “idiota” útil.

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