Cecilia López Montaño

El Centro Democrático, partido creado por el expresidente Uribe, ganó ampliamente las elecciones del 2018 y por consiguiente sus ideas iban a dominar la agenda pública en el período 2018-2022. Sin embargo, como su candidato a la presidencia era el más moderado del uribismo y además se identificó como un senador inteligente y con una cierta dosis de social demócrata, muchos votaron por él pensando que sería su talante y sus ideas las que predominaría en la forma de manejar el gobierno. Durante los primeros meses se trató de vender la idea especialmente por parte de la vice presidenta, Martha Lucia Ramírez, que una cosa era el Centro Democrático y otra el gobierno Duque. Pero el gobierno desde sus inicios empezó a mostrar debilidades propias de la inexperiencia de su equipo, de la falta de trayectoria del presidente y de una clara desarticulación del manejo de lo público. Paciencia dijeron muchos de los que aún hoy insisten en que de todas maneras Petro hubiera sido peor. Gurús de la política de derecha.

Pero parece que “la impaciencia del corazón”, recordando la famosa obra de Stefan Zweig, se aceleró dentro del uribismo y su gran cabeza decidió tomar el toro por los cuernos y empezar a gobernar. Poco a poco pasó de ser “la mano invisible” al estilo Adam Smith, para seguir con las citas, y sin ningún asomo de prudencia, a convertirse en la mano visible del gobierno Duque. Para quienes no han comulgado con algunas o muchas de las posturas del ex presidente especialmente durante su segundo mandato, se perdió la esperanza de una administración moderada, aunque poco eficiente.

El expresidente Uribe ha pasado entonces, especialmente en las últimas semanas cuando todo el mundo anda medio despistado, a ejercer como la voz que realmente manda. Lo más grave no es que por fin se destapan las cartas de la presente administración, sino que su poder se está concentrando principalmente en el sector rural. Se debe repetir lo dicho “pobre sector rural”. Cero y van tres: primero el voto negativo de Colombia a la Resolución de Naciones Unidas que compromete a los gobiernos a apoyar a los campesinos y en general a los habitantes del campo; segundo, el nombramiento de Gloria Ortiz en la Agencia de Desarrollo Rural, claramente incompetente para esa posición y con un sesgo ideológico en contra de lo que se requiere en esa entidad. Finalmente, hoy cuando no se han acabado las vacaciones, se le devuelve a José Félix Lafaurie, el manejo de 90 mil millones de pesos anuales del Fondo Parafiscal ganadero, cuando se lo habían quitado con graves acusaciones durante el gobierno anterior. Como los colombianos tenemos un ángel de la guarda, Uribe no pudo nombrar a Pepe Felix en un ente de control, pero ahora se las arregló el expresidente para darle la oportunidad de reencaucharse haciendo caso omiso de las razones por las cuales le habían quitado el manejo de semejante cantidad de recursos.

Estas últimas decisiones sumadas a la no menos grave de sacar el decreto por medio del cual se abre la puerta a la autodefensa de la “gente de bien,” demuestran que sin duda el expresidente Uribe se cansó, y decidió mostrarle al país de manera absolutamente visible, su mano en este gobierno. Sería bueno conocer la forma como la vice –presidenta le explicaría al país que una cosa es el Centro Democrático y otra el Gobierno Duque.

Empezamos entonces el 2019 con una respuesta clara sobre quién manda aquí, pero con la seria preocupación de que se reproduzcan con más fuerza aquellas estrategias que han traído rezago y violencia al país. ¿Será que este peligro de regresar a páginas oscuras de nuestra historia les abra los ojos a quienes aún están en las nubes?

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