Aura Camila Manrique Yossa

No me cansaré de escribir homenajes a los líderes sociales que nos arrebatan. Hasta ahora van 6, en lo corrido del año, señores: Jesús Adier Perafán; Gilberto Valencia; Wilmer Antonio Miranda; José Solano; Wilson Pérez Ascanio y Maritza Quiroz. Agradecimientos por su heroica labor y paz  en sus tumbas, estas letras van para ustedes y sus familias.

Aquí se olvida fácil, se  carece de memoria colectiva y se asume cada muerte  como un fragmento de una novela, que con cada muerte se pone más emocionante. Cada muerto nos hace odiar a los violentos, pero también olvidarnos de los anteriores crímenes y, además, normalizar una situación que en Colombia ni siquiera a los noticieros de élite les da rating. Sin embargo, estos seres humanos de invaluable legado nos han enseñado que la lucha continúa, y aunque las condiciones sociales de nuestro entorno se tornan sombrías, hay quienes buscan un mejor país a costa de su propia vida.

El odio hacia el pueblo que inconforme se levanta, viene desde nuestro honorable congreso de la república, recordemos esta semana que con motivo del Carnaval de negros y blancos el senador Felipe Mejía, arremetió contra los artesanos nariñenses que mostraban inconformidad con la situación política del país en el desfile de años viejos el 31 de diciembre del anterior año. Gracias a ese odio, se nos han llevado desde 1938 alrededor de 160 periodistas, que desde sus espacios han denunciado la corrupción local. Otros tantos, fueron despedidos de sus trabajos con amenazas a su integridad y a la de sus familias.

Han querido callar todos los que denuncian este cáncer de la corrupción o tratan de combatirla, algún día nos tendrán que matar a todos. Porque cada vez que nos arrebatan a nuestros líderes, con más ímpetu nos levantamos. Hoy le decimos adiós a estos 6 seres humanos, que vivieron por hacer de este territorio un lugar más agradable para todos, y quizás les hayan arrebatados sus vidas, pero jamás podrán borrar sus legados; porque se fueron, pero sin que se dieran cuenta los bandidos y los corruptos, nos dejaron una parte de ellos en cada uno de nosotros.

Colombia estará eternamente agradecida y en deuda con ustedes y sus familias. No se merecen un minuto de silencio, sino toda una vida de lucha. Llegaremos hasta donde las letras nos lo  permitan, buscando un mejor futuro para Colombia, hasta que la muerte  nos aseche, y vayamos a hacerles compañía en ese país que siempre soñaron.

 

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