María Consuelo Plazas Serrato

No obstante el escaso reconocimiento internacional, las evidentes violaciones a la democracia y la agobiante censura de la que vienen siendo víctimas la oposición y los medios de comunicación, el día de ayer Nicolás Maduro asumió el poder en Venezuela por segunda vez consecutiva. Dicho acontecimiento constituye para nuestro vecino país la continuidad de la dramática crisis que actualmente enfrenta y que infortunadamente pareciera no percibir una luz de esperanza, tanto así que con frecuencia muchos se preguntan ¿cómo logra sostenerse en el poder alguien que tanto daño le causa a su propio país?

Maduro, heredero político de Hugo Chávez de quién se proclama sucesor se halla en el poder desde el 2013, momento desde el cual asumió el compromiso de continuar con su legado político de cara a la “Revolución Bolivariana” en busca de instaurar el socialismo del siglo XXI. Desde entonces y dada su muy particular manera de gobernar ha marcado una singular etapa en la historia política de Venezuela en virtud de sus cuestionables actuaciones, lo que ha generado recurrentes crisis de carácter interno caracterizadas por el rechazo popular, el desabastecimiento de medicinas y alimentos y la abrumadora migración de sus conciudadanos quienes huyen desesperados ante tan agobiante realidad, sumado a las visibles repercusiones en el campo internacional cuyo más reciente pronunciamiento se halla relacionado con la declaración adoptada por el Grupo de Lima.

Sobre el particular, Rocío San Miguel directora de la ONG Control Ciudadano en entrevista concedida al diario El Tiempo afirmó que “Maduro cuenta con las armas, con los recursos del Estado y con los servicios de inteligencia. Eso lo hace muy poderoso, a pesar del alto costo de la deslegitimación por su gestión, como por el ritmo con el que ha apretado el acelerador del autoritarismo y el desconocimiento de la autonomía de los poderes públicos”. Aunado a ello, el mandatario venezolano cuenta con el apoyo absoluto de sus fuerzas militares lo cual se explica, pues desde la época de Hugo Chávez el estamento militar ocupa un lugar preponderante en el Estado el cual cada vez amplía sus competencias al punto de permear sectores que van desde el político hasta el económico. Y como si fuera poco Maduro detenta el control del Consejo Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia en tanto la oposición se halla cada vez más intimidada por la acción del gobierno.

Frente a tan alarmante realidad, quienes somos observadores de la situación nos preguntamos sobre el devenir de la nación venezolana, pues si algo es cierto, es que el 2018 concluyó con funesto panorama. Ahora la pregunta es: ¿Maduro logrará continuar al mando hasta el 2025?… Solo el tiempo lo dirá.

 

 

 

Comentarios