Jorge Guebely

La tragedia del pueblo venezolano lleva la misma impronta que la del colombiano. Ambas se gestan en la desventura de poseer gobiernos títeres de poderosos capitales internacionales. Trump utiliza a Duque para aislar a Maduro, pero Maduro se posesiona de nuevo con el soporte de capitales imperiales de China, Estados Unidos y Rusia. La desolación de los pobres se teje con la voracidad de los ricos

Distante se avizora el colapso del régimen bolivariano. Su enorme crisis económica está paliada por el poderoso grupo de inversores norteamericanos, Goldman Sachs. La revitalizó con más de 2.800 millones de dólares, capital invertido en bonos de alto riesgo como parte de la deuda pública venezolana. Su apoyo a Maduro es real, por lo menos, durante seis años más mientras recupera su inversión y obtiene considerables ganancias. Los inversores no invierten por filantropía.

China también apoya la continuidad del régimen venezolano. Sus inversiones superan los 50 mil millones de dólares. Contrario al capital financiero de Goldman Sachs que exige dividendos en dólares, el capital industrial chino pide devolución en petróleo para perpetuar su poder. Y no está dispuesta a ningún riesgo con un cambio de sistema, nadie le garantiza que los nuevos gobernantes sostengan el mismo acuerdo comercial; especialmente, la elite venezolana tan proclive a Norteamérica. La estabilidad del actual régimen bolivariano le garantiza su propia estabilidad económica. Y apoya porque Venezuela puede convertirse en su punta de lanza para penetrar mercados latinoamericanos. Mercados que hoy pertenecen mayoritariamente a la órbita gringa.

Estabilidad para el régimen venezolano pide también Rusia. Es el proveedor, junto con china, de las armas con la que Maduro fortalece su ejército. Le ha vendido más de cinco mil misiles a un régimen que se sostiene por la represión y se prepara para la guerra, el mejor negocio para los capitales internacionales. Poderoso capital industrial y comercial ruso que consolida el poder de Maduro en Venezuela y el de Putin en Rusia.

Mientras existan gobiernos títeres, de izquierda o derecha, Maduro o Duque, la tragedia de los pueblos está garantizada. Mientras existan negociantes del poder nacional con máscaras de estadistas, la corrupción está garantizada. Mientras existan políticos mentalmente empobrecidos por la avaricia económica y el delirio de importancia personal, la decadencia humana de los gobernados está garantizada. Pertinentes las afirmaciones de José Ingenieros: en todo gobierno mediocre, “nadie piensa porque todos se lucran y nadie sueña porque todos tragan”.

Saludable la irónica utopía de Borges: “Creo que, con el tiempo, mereceremos no tener gobiernos”.

jguebelyo@gmail.com

Comentarios