Maritza Rocío López Vargas

Psicóloga. Especialista Psicología de la Salud

En tiempo de regreso a clases, considerar la importancia de la relación que se establece entre el docente y el alumno, resulta fundamental para garantizar que el proceso de enseñanza-aprendizaje resulte exitoso frente a la superación de obstáculos que se presentan, por los diferentes niveles y ritmos de atención, concentración, aprendizaje y desarrollo de los estudiantes.

Sin duda alguna, el aula es el contexto por excelencia, donde el docente tiene la oportunidad de desplegar sus conocimientos teóricos, habilidades de comunicación, estrategias metodológicas y recursos didácticos, para cumplir con su labor de guía o mediador, facilitar el aprendizaje, despertar el interés del alumnado hacia la asignatura, ofrecer información requerida, desarrollar hábitos de estudio, lograr un mayor aprovechamiento de los medios, centro de cómputo y bibliotecas disponibles en las instituciones educativas y convertirse en un ejemplo a seguir en  actuaciones académicas y valores humanos dentro y fuera del contexto escolar.

Para tal fin, se requiere crear una relación con el estudiante, desprovista de prejuiciosos morales que genere la pasión, interés, compromiso, que incentive la participación, el desarrollo del pensamiento crítico, que ofrezca espacios de intercambio que permitan el análisis, construcción de preguntas, búsqueda de respuestas, que aprecie los aportes de los estudiantes, los trate como seres pensantes, libres y capaces.

En el contexto escolar se debe establecer una posición ética alejada de la indiferencia, hostilidad o agresividad, que reconozca la influencia que tienen las propias actitudes en los demás, que instaure una autoridad que permita la participación activa de los alumnos, que privilegie sus habilidades, que potencie destrezas, un mayor aprovechamiento del tiempo de aprendizaje y logro de una mejor calidad de vida de los aprendices; debe tener en cuenta el entorno familiar, social, cultural y económico del estudiante, involucrar a los padres y madres de familia para que éstos asuman la responsabilidad que tienen de cumplir, acompañar y dedicar tiempo de calidad con sus hijos.

El concepto de enseñanza-aprendizaje, conlleva toda una serie de características, valores y prácticas, como el saber emplear los conocimientos de manera asertiva, en respuesta a las exigencias que demanda la docencia; tener habilidades para establecer una relación alumno-profesor, que permita la interacción positiva con una formación humanista para hacer seres más conscientes, competentes, compasivos, comprometidos con la sociedad, respetuosos de la naturaleza, vida y la dignidad humana.

Las transformaciones educativas, han permitido la modificación de la concepción del papel del docente en el proceso de enseñanza y aprendizaje; así mismo promueve en los alumnos el interés, compromiso, responsabilidad, creatividad y optimismo.  Valorar los esfuerzos de los docentes y los logros alcanzados por los estudiantes, genera una mayor confianza en sí mismos, influye positivamente en el desarrollo emocional de los estudiantes y se convierte, en un elemento fundamental para la optimización del proceso de aprendizaje-aprendizaje.

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