Carlos   Eduardo   Amézquita

Ya está claro, los siguientes son los nuevos indicadores de la gestión pública ambiental, aceptados como legítimos por los medios de comunicación y divulgados en el marco de los recientes acontecimientos que han puesto a “temblar” buena parte del territorio colombiano, particularmente los del Huila y Cauca.

Por definición los indicadores intentan medir u objetivar, en forma cuantitativa o cualitativa, aspectos de la realidad con el propósito (según Wikipedia) de inducir o respaldar acciones urgentes de “gestión empresarial, social, o gubernamental”.

A continuación, presento los más sonados: Desastres naturales; cambio climático extremo (tormentas, temporales, ciclones, erupciones volcánicas, movimientos telúricos y terremotos, inundaciones y tsunamis); reparación de la guerra interna; masacres; desplazamiento forzado;  exclusión social;  corrupción y delincuencia de todo tipo, etc.

Apostilla: Con estos indicadores se pretende integrar, en una sola unidad de percepción, la forma de interpretar lo que sucede en pleno S.XXI.

Los desastres naturales y los impactos del cambio climático obligan a millones de personas a abandonar sus hogares. Cada segundo, una persona tiene que escapar por culpa de un desastre y 22,5 millones viven desplazadas a causa de condiciones climáticas extremas.

Colombia es reconocida internacionalmente como una de las naciones en las que se acreditan estos indicadores, siendo la “mejor esquina del continente Suramericano”, y paso obligado de intensos flujos migratorios y comerciales.

No puede ser de otra forma: Enfrenta enérgicos combates contra mares y ríos, hombres y mujeres que remontan formidables cordilleras configurando elocuentes liderazgos locales y regionales, ellos son como oscuros nubarrones en el parlamento, truenos y centellas que inspiran voces estruendosas en los patíbulos, calles y parques. Ciertamente, no es posible imaginar a Colombia de manera diferente.

 

Comentarios