Maritza Rocío Lopez

Maritza Rocío López Vargas

Qué bueno sería tomar conciencia de la responsabilidad y compromiso que se tiene de vivir, de acuerdo a los valores inherentes la existencia humana; que el ser humano fuera consciente de su temporalidad, que cada día fuese vivido con majestuosa sublimidad con el debido respeto a la vida y dignidad que poseemos; que se fomentara una educación que ayude a una convivencia fundamentada en la responsabilidad, prudencia, bondad, respeto, tolerancia, generosidad, solidaridad y justicia; que los principios éticos fuesen aceptados de forma voluntaria, a conciencia y no como una imposición o castigo; que las personas pudieran mirar al futuro con la confianza suficiente, de poder creer que el futuro será mejor; que siempre fuese posible tomar decisiones sin restricciones, con autonomía y determinación y que el objetivo principal de la vida, sea siempre hacer el bien, no por vanagloria sino con humildad.

Para algunos esto puede parecer una utopía, por tanto, difícil de conseguir o inexistente, pero si nos detenemos a pensar; siempre que exista la conciencia, voluntad, motivación, deseo de hacer lo correcto y convertirse en ejemplo de humanidad; que en circunstancias difíciles se mantenga firme la fortaleza moral para afrontar sin miedo el temor al fracaso, la pérdida o el qué dirán, sin dejarse tentar por aquello que no conviene, que no es  bueno para sí mismos o para otros y que nuestras habilidades se pongan a la orden de nuestras actitudes para eliminar el orgullo, la vanidad o la arrogancia; vivir con dignidad si es posible.

Para derribar los muros de la incredulidad y hacer posible el goce de una vida con dignidad y que esto no suene como algo extraño, en la época en que vivimos; es preciso estar convencidos que la vida tiene un valor intrínseco, que poseemos un potencial de excelencia moral, que nos permite en medio de las tribulaciones, las acciones desesperadas o violentas de otros, dar un nuevo significado a la vida y recuperar la dignidad; porque tenemos la libertad de elegir en medio de las situaciones de la vida, cambiar la realidad, ser, actuar y pensar diferente, demostrando con ello nuestra superioridad en voluntad, espíritu e inteligencia, con respeto supremo a la vida y dignidad de sí mismos y de aquellos que nos rodean.

 

En éste logro los adultos estamos llamado a formar, educar en valores y ser fiel representación de los mismos; somos quienes podemos ayudar con paciencia y coherencia a las nuevas generaciones, para que tengan bases sólidas que sostengan su personalidad y hacer posible para todos, vivir con dignidad.

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