Mucha tinta se ha usado en los últimos días para referirse a ciertos fenómenos que nos asustan: la actividad volcánica del Nevado del Huila y los sismos frecuentes que han alterado nuestra cotidianidad. Son usuales las circulares informativas, los reportes y las entrevistas que tratan de explicar estos eventos naturales y la manera de evitar que nos afecten. El Servicio Geológico Colombiano, el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, los consejos departamentales y municipales de Gestión de Riesgo de Desastres, las corporaciones autónomas regionales, las universidades y hasta nuestros vecinos y amigos tratan, por todos los medios, de explicarnos las causas y consecuencias de estas amenazas naturales.

A pesar de que existe abundante información que nos ayuda a evitar un desastre originado por amenazas de origen geológico como los sismos, volcanes y otras de origen geomorfológico e hidrometeorológico, generalmente solo prestamos atención y la consideramos con seriedad cuando se incrementan sus manifestaciones, como ha ocurrido en las últimas semanas.

He analizado en un contexto geológico integral, los eventos que han venido sucediendo, centrando la atención en la relación del ser humano con su planeta. Parece que hoy hemos regresado a las creencias geocéntricas planteadas por Aristóteles y Ptolomeo, en las que se consideraba al hombre como el centro y la razón de ser del universo físico. De nada sirvieron las ideas heliocéntricas posteriores planteadas por Copérnico en las que el sol era el centro de todo lo creado, y de nada han servido los planteamientos de Carl Sagan que podemos resumir en su famosa afirmación: “El universo no fue hecho a medida del ser humano; tampoco le es hostil: es indiferente”.

Eventos naturales

Los eventos naturales, mal llamados por algunos “desastres naturales”, son la expresión de una entidad en la que todo se interrelaciona. No obstante lo que allí ocurre, tiene implicaciones diferentes para cada uno de sus componentes. Una inundación puede acabar con algunas especies en un lugar determinado, pero genera condiciones para que otras especies logren su desarrollo. Una erupción volcánica cambia las características composicionales y texturales de las rocas y suelos de ciertos lugares de la superficie terrestre, pero genera condiciones para que nuevas formas de vida allí se asienten.

Los seres humanos solemos darle nuestras propias interpretaciones a los eventos que nos afectan, mientras que los demás elementos que habitan la Tierra como las plantas, los animales y las rocas, son solo sucesos propios de un planeta dinámico y en constante evolución. Todas las especies, incluida la nuestra, se originaron y seguramente se extinguirán a lo largo del tiempo geológico. La historia de los seres humanos protagoniza un solo capítulo relativamente insignificante en el grueso libro de historia del Planeta Tierra. Desde antes de que los seres humanos habitáramos la Tierra, los eventos naturales han ocurrido con mayor o menor frecuencia, creando y moldeando el espacio propicio que permitió las condiciones para nuestra existencia y, probablemente, preparando otro para nuestra partida, cuando no tengamos escenarios adecuadas de supervivencia.

Entonces, ¿por qué ahora que estos fenómenos se manifiestan con su dinámica natural, pensamos que solo pretenden acabar con nuestra presencia? Muchas especies de seres vivos han aparecido y desaparecido, mientras que otras se han adaptado a las nuevas condiciones impuestas por la naturaleza. Los dinosaurios, por ejemplo, reinaron en el Planeta Tierra por cerca de 160 millones de años. El concepto generalizado que se tiene de ellos es que su torpeza y aparente poca inteligencia los hacían muy vulnerables, a pesar de su gran tamaño. Para el planeta y el universo, si los seres humanos desaparecemos, no pasa nada. Total, solo aparecimos en los recientes miles de años, de cerca de los 4.600 millones de existencia de la Tierra y cerca de 13.000 millones de años del universo. Y así de rápido hemos hecho cosas increíbles tratando de transformar su normal evolución para nuestro beneficio.

Históricos

Son innumerables los eventos naturales a través de la historia del Planeta Tierra: historia a escala geológica. Desde que aparecimos los seres humanos, esos fenómenos han desencadenado en grandes catástrofes con millones de víctimas y aunque han ocurrido a escala humana, nuestra insolencia no nos permite considerar que esos eventos se van a repetir con mayores victimas aún, por la sobrepoblación. Para algunos geólogos especializados en el tema, la mayoría de las causas de activación de los fenómeno naturales son propios de la evolución de nuestro planeta, con cerca del 92%, mientras que el 8% restante es de origen antrópico, debido posiblemente a nuestra arrogancia como únicos con el derecho de habitar este pequeño puntico en el universo.

Espero que no consideren esta opinión como una visión apocalíptica. Los registros están a la vista. Si repasamos los eventos catastróficos de origen geológico de los últimos años, el panorama es crudo: volcanes como el Laki (Islandia 1783), el Tambora (Indonesia, 1825), el Krakatoa (Indonesia, 1883) y el Nevado del Ruiz (Colombia, 1985), o terremotos (Chile 1960; Indonesia, 2004; Alaska, 1964; Rusia, 1952; Japón, 2001; Perú, 1968; Ecuador-Colombia 1906) por solo enumerar algunos más recientes. Y los más antiguos son una lista muy larga e incompleta porque registros confiables son escasos o no existen. Esto solo considerando los ocurridos dentro de la escala de tiempo humana. A escala geológica, los registros (que en geología son las rocas) describen un mundo en constante cambio.

No obstante, todo lo anterior, convencido de que muchos lectores incluidos colegas geólogos no comparten este análisis, soy optimista en el sentido en que la inteligencia del ser humano es tan grande que, aunque no logrará eliminar estas amenazas, sí será capaz de mitigar los riesgos, mediante el uso del sentido común y el conocimiento, para reducir la vulnerabilidad humana. Por lo tanto, recomiendo de manera prioritaria seguir las instrucciones de los organismos especializados en prevención y atención de desastres, con el fin de no verse afectados por los fenómenos naturales recientes, ya que es imposible predecir con exactitud y evitar que estos ocurran.

“Un hecho inevitable, un momento impredecible, una decisión urgente”.

Jersahín Lamilla Galindo, geólogo asesor de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena CAM en temas relacionados con la Gestión del Riesgo de Desastre y docente catedrático.

 

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