Albeiro Castro Yépez

 

Identificar la vocación de una región es tal vez uno de los ejercicios más complejos de la planeación turística, identificación que se hace evidente en el momento de la realización del diagnóstico, no siempre el proceso de madurez tanto del destino como del producto turístico se ajusta al desarrollo de la vocación prospectada, en ocasiones puede cambiar ajustándose a las tendencias contemporáneas o a la influencia de otros factores, entre ellos, el resultado de un estudio científico o la construcción de una obra de ingeniería. En el departamento del Huila estos casos son evidentes en Villavieja, Rivera, Garzón y Paicol.

Tradicionalmente a Villavieja se le identificó como un destino paleontológico, incluso se le llamaba “La Capital Paleontológica de Colombia”, pero este tema no logró consolidarse, pues, al finalizar la anterior centuria, un grupo de investigadores promulgó el resultado de sus estudios caracterizando el Desierto de La Tatacoa como un escenario apropiado para la observación de la cúpula celeste, investigación que cambió totalmente la vocación del destino turístico, al punto que hoy se proyecta la construcción del parque de la astronomía, actividad que combina con las vivencias que genera el contacto con la naturaleza a través del senderismo. Rivera también ha vivido su propia metamorfosis, inicialmente se le identificó como un escenario para la recreación en sus fuentes de agua termal que motivaban la visita nocturna gracias a las bondades de su clima, pero a partir de la construcción del circuito vial Caguán, La Ulloa, Guadual, Rivera, la demanda de servicios turísticos se enfocó en la gastronomía y el alojamiento rural, convirtiendo a Rivera en un destino turístico de fin de semana, sin desconocer que aún sigue vigente el uso de las aguas termales como una actividad recreativa para los huilenses y turistas.

Similar situación vive el municipio de Garzón al que siempre se le reconoció como un destino religioso al que se le denominada “Capital Diocesana del Huila”, hoy el auge de la caficultura y la construcción del embalse El Quimbo le cambió su vocación, si bien, conserva su tradición religiosa se identifica más como un destino de turismo rural asociado a la Ruta Cafetera del Centro del Huila y se le prospecta como un escenario para la práctica de deportes náuticos. El apacible y tradicional Paicol también tiene su propia vivencia, de su oferta rural ha dado paso al reconocimiento como destino de aventura, compitiendo con San Gil con calificadas ofertas de rafting en el Río Páez, espeleología en la Caja de Agua, Torrentismo, cañoning y recientemente biciturismo, actividades que articula con sus vecinos del Territorio Páez, generando prosperidad para toda la región. En suma, la vocación turística es dinámica hay que estar atentos a las tendencias del mercado.

 

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