Marco Fidel Rocha Rodríguez

Algo que se ha vuelto una costumbre en nuestra sociedad es el uso frecuente de disculpas para aplazar decisiones o para buscar una solución que no corresponde, solo para salir del paso; tiempo atrás la gente decía la verdad sin ningún temor y las relaciones entre las personas eran mucho más ricas y fluidas, además de sinceras y claras. Pero lamentablemente hemos venido usando estas disculpas hasta convertirlas en mentiras de a puño.

Cuando alguien le concede entrevista a un oferente de bienes y servicios,  si no es de su interés la oferta lo lógico sería decir la verdad: “No es de mi interés”
“No nos conviene”, pero ahora utilizamos mucho el: “Lo vamos a pensar” “Lo llevaré al comité” y otras muchas disculpas que de entrada deja saber que no va a haber transacción alguna. Cuando llegamos a una reunión tarde es usual utilizar la disculpa de: “Nunca me llegó el taxi”, “Un trancón de la madona” “Dos estrelladas” y muchas otras que lejos de justificar el retraso son molestas y no tienen en cuenta el tiempo perdido por parte de aquellos que sí llegaron puntualmente.

Los casos anteriores son del diario vivir y lo que sí está haciendo carrera es el uso de la mentira para salir del paso y algo que nos está creando una pésima fama, no sólo entre los mismos colombianos sino en especial ante los ciudadanos extranjeros quienes manifiestan que “En Colombia se demoran demasiado para tomar decisiones y los costos de espera son elevadísimos”.

Este tema es muy importante porque refleja la seriedad y franqueza de las empresas, para hablar con claridad sobre diferentes asuntos sin utilizar las mentiras como disculpa para aplazar una posible decisión que de antemano no será cumplida.

Deberíamos hacer una gran campaña para acabar con esta costumbre que debe comenzar en  el hogar (cuando nos mandamos a negar y utilizamos a nuestros hijos como mensajeros), pasa por el colegio (disculpas sobre el incumplimiento en las labores académicas o los certificados de incapacidad), por la universidad  (incumplimiento frente a los docentes y a miembros de nuestros grupos de trabajo), por los familiares y amigos (falta de franqueza para manifestar la ofensa recibida), y por los lugares de trabajo (llegadas tarde, no asistencia a reuniones, el incumplimiento en la entrega de trabajos, entre otros).

La mentira es algo que perjudica la imagen de quien las utiliza y le resta seriedad a unas prósperas relaciones. Hablando con agentes del exterior sobre este tema, se quejan de la falta de franqueza y no entienden por qué desde el principio no se dice la verdad para saber a qué atenerse. Este tema lejos de ser algo elemental, tiene gran impacto en nuestra cultura y desdice de la imagen nacional.

marco_f@cesa.edu.co

 

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