Piter Bonilla Díaz

La celebración en esta fecha del Día Nacional del Periodista me obliga a escribir sobre el asunto. Debo, entonces hacerlo, pese a que abundan temas de distinto orden.

Para comenzar expreso a mis colegas, unos además buenos amigos, otros no tanto y desde luego los malquerientes, que como es natural  tiene todo ser humano, mi fraternal saludo.

Creo conveniente circunscribirme en escribir algo de historia y de contera  un autoexamen, que debe  efectuar también los  diferentes gremios cuando conmemoran su Día. Se trata de  estimular  las buenas ejecutorias y corregir las indebidas.

Retirado del compromiso laboral en la prensa y radio, y ahora como opinador en este periódico, de igual forma por las redes sociales donde a veces suelo hacer croniquillas, me da la oportunidad de observar el comportamiento del periodista, tal como fue antes y en el actual tiempo.

En mi época el desempeño no contaba con  esta tecnología. Se efectuaba con menos cobertura y casi sin ninguna investigación. Hago hincapié especialmente en el periodismo de provincia que generalmente carecía de formación académica. Por lo regular nos movíamos impulsados por la pación partidista. Luego éramos periodistas  políticos, y por supuesto nos restaba objetividad, aunque debo resaltar que cuando dirigí el Noticiero Colosal de la otrora emisora del mismo nombre  con  los extintos Fabio Echeverry Campuzano y Pedro Supelano Rivero, aplicábamos el lema de “Política de puertas abiertas”. De ahí su arrolladora sintonía. El pago por la publicación de una noticia, entrevista o comentario se veía muy poco, aunque no faltaban las atenciones de menor importancia. ¡No era más!

Cierto exitoso empresario radial cometió el error de cancelar a los periodistas con un poco más del mínimo y la prerrogativa de que podía reforzar el ingreso económico con el patrocinio, por lo regular oficial, del habitual comentario que para la época era la costumbre. ¡Y ahí fue Troya! Porque para el medio la entidad patrocinadora era intocable de toda crítica. Además de perder el comunicador social su independencia.

Ello originó esta cultura como sistema de financiación de espacios informativos, sobre todo radiales, lo cual en la medida en que avanza el tiempo es muy precario. Tanto los periodistas como las radiodifusoras han aumentado, lo que hace que se torne económicamente  compleja para las dos partes.

Lo deseable para la solidez monetaria del gremio, es que se asocien para la fundación de una empresa ciertamente periodística.

 

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