Doctores, Señoras y Señores:

Dra. Liliana Torres Lozada; subgerente Administrativa

Dr. José Antonio Muñoz Paz; subgerente Técnico Científico

Dr. Guillermo González; neurólogo

Dra. Heidi Carolina De la Rosa

Dr. Leonardo Mauricio Valero; jefe de hospitalización

Dra. Doris Andrea González Pinilla

Dr. Juan Felipe Santos Muñoz

Dr. Oswaldo Javier Tovar Puentes

Dr. Cristian Gómez; coordinador de urgencias

Dra. María Del Pilar Gaitán Andrade, trabajadora social urgencias

Dr. Jorge Andrés Santos; psicólogo de la unidad de urgencias

Bryan Bustos; auxiliar de Enfermería

Personal de emergencia y UCI adultos.

 

Vivo en Londres y el 7 de diciembre de 2018, mi hijo Leandro Harley Oviedo Borda, quien también vive allí, me acompañó a mi ciudad natal, Neiva, luego de la muerte de mi madre.

Compró su boleto y viajamos juntos a Neiva, Colombia. Enterramos a mi madre y luego nos reunimos para agradecer y celebramos su vida.

Un día, mientras Leandro visitaba la casa de mi madre, para alimentar a la mascota de la familia, sufrió un ataque al corazón. Cayó y se golpeó la cabeza. Su joven hermanastro, (niño de 9 años) quien lo acompañaba en ese momento, valientemente corrió a la calle para alertar a los vecinos y al público. Su madre Yolanda Borda fue avisada y llegó al lugar tan pronto como pudo.

Los vecinos llamaron a un taxi que respondió rápidamente. Su madre Yolanda viajó con Leandro al Hospital en medio de trancones y gritando angustiosamente en la calle para que los dejaran pasar.

Desafortunadamente, Leandro ya no estaba respirando, y consecuentemente, su corazón había parado de latir. Por esta razón, cuando llegó al hospital, lo declararon muerto. Una doctora llamada Heidi de la Rosa notó de manera sorpresiva, que mi hijo Leandro, de manera súbita, trato desesperadamente de respirar. De manera natural, la Doctora, en su último intento por reanimarlo, le administro masajes y respiración artificial, lo cual le devolvió la vida a mi hijo. Por lo tanto, estoy eternamente agradecido con ella y todo su equipo. Bendiciones para ella y a su bebe que pronto nacerá.

Este evento tiene muchas trascendencias en el campo científico debido a la cantidad de tiempo que mi hijo estuvo sin recibir oxígeno. Los estándares internacionales de resucitación, si no estoy mal, solo permiten que un paciente sea revivido durante los primeros 20 minutos. Mi hijo, de acuerdo con los reportes médicos, superó dos veces esa cantidad de tiempo.

Trágicamente, y como ya se explicó, el cerebro de Leandro se privó de oxígeno por demasiado tiempo y ha sufrido un daño cerebral significativo. Posteriormente, se le detectó neumonía y enfermedades polimicrobianas. El Hospital Hernando Moncaleano Perdomo es un hospital que a pesar del enorme flujo de pacientes que se ve venir y salir todos los días, no solo de Neiva, sino también de regiones aledañas, es un hospital que realiza procedimientos de alto calibre tecnológico, y a pesar de los pocos recursos que el estado invierte en salud, este hospital realiza tareas que se acercan a los milagros. El personal médico y administrativo es de un calibre excepcional y no tiene nada que envidiarles a los países desarrollados. Lo digo porque irónicamente trabajo para uno de los hospitales más grandes y famosos del Reino Unido en Inglaterra Londres, y me quedé sorprendido con los avances académicos; tecnológicos, y por supuesto la calidad profesional de sus estudiantes; médicos y especialistas que asisten a los pacientes día a día.

Los médicos y sus auxiliares de la UCI son personas muy profesionales y de un corazón súper enorme. Durante un mes mi hijo estuvo completamente en coma, consecuentemente, lo visitamos todos los días para hacerle masajes, hablarle a pesar de su inconciencia, y lo que más nos ayudó a sobrellevar esos momentos tan difíciles, fue la forma como los médicos y el personal de enfermería estuvieron siempre allí, atentos a prestar una mano y dar reportes a mi hijo de una forma muy profesional y humana. Les quedo eternamente agradecido.

Aceptamos que nuestro hijo podrá quedar con limitaciones, pero estamos comprometidos a brindarle la atención necesaria para poder alcanzar un nivel de rehabilitación que le permita tener una oportunidad más en la vida. Cabe resaltar que mi hijo hoy ya esta despierto y aun sigue en el hospital recibiendo ayuda médica en el sexto piso, donde el servicio médico es indudablemente excepcional.

En el pasado, Leandro y yo (incluidos mis colegas de trabajo en el Reino Unido) recaudamos fondos para el hospital de Neiva luego del desastre en Mocoa. Enfocamos la ayuda principalmente a los niños huérfanos y a padres o acudientes que no tenían donde postrar su cabeza o dinero para alimentarse. Les suministramos una muda de ropa a cada niño para el día que los dieron de baja. Desafortunadamente, nuestra campaña solo alcanzó para brindarles ayuda por dos semanas.

La doctora María Pilar Gaitán Andrade, Trabajadora Social de Urgencias del Hospital de Neiva, junto con mi esposa Diana, fueron el enlace para hacer llegar esas ayudas a estas familias o acudientes. Prestar ayuda a quien más lo necesitaba, alimenta el espíritu de aquellos que sufren la tragedia y aquellos que socorren. También les devuelve la fe en la humanidad a aquellos que enfrentan esos retos, y les da motivación para seguir adelante.

Como lo mencioné antes, trabajo en un hospital en Londres y conozco de cerca la problemática de la salud y su impacto en el ser humano. Aún más, cuando hoy en día, unos de esas personas que ayudaron a esos niños y acudientes de Mocoa, es mi propio hijo.

Nosotros nunca hicimos nada para recibir nada a cambio. Lo menciono porque quiero que usted, quien está leyendo esta trágica historia, tenga en cuenta que igual que yo, usted también es ser humano y puede, (Dios no lo quiera) enfrentarse algún día a una situación similar. Nadie esta exento. Por eso le hago una invitación para que reflexione y tome la decisión hoy mismo de hacer llegar algún tipo de ayuda a la unidad de Emergencias del Hospital General de Neiva. Allí se ven casos supremamente extraordinarios, donde el rico y el pobre enfrentan la misma situación.

Nadie está preparado para lo peor. Por experiencia propia, tuve que invitar a gente desconocida a una botella de jugo o agua porque llegaban repentinamente a acudir un ser querido que desafortunadamente había sido llevado a urgencias por sin número de razones. Los casos son muy tristes y desgarradores.

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