Luis Enrique Dussán

 

Luis Enrique Dussán López

 Sin duda la política es fundamental y debería ser enaltecida, admirada y respetada, por ser la manera como se puede obtener el progreso y desarrollo de los pueblos, la prosperidad colectiva, la redistribución de la riqueza con equidad, se organiza una sociedad, se brindan condiciones y oportunidades, se garantiza la justicia, la convivencia y la paz. Pero hoy en día sufre de gran desprestigio y su credibilidad es casi nula; cuando se habla de política, la población piensa en corrupción, engaño, falsas promesas, incumplimientos y hasta delincuencia.

Hay políticos que creen que es el arte de conseguir votos a cualquier precio, olvidando que los votos son un medio y no un fin en si mismo; compran los apoyos de “líderes” y electores en cada campaña, quienes caen en ese juego para resolver temporalmente sus necesidades, pero sin posibilidades a futuro para ellos ni mucho menos para las comunidades que dicen representar, porque ya fueron pagos cual mercancía.

Para muchos es el arte de la mentira y la hipocresía, incluso se sienten superiores a los demás al tener la capacidad de engañarlos, lo consideran una habilidad, inteligencia y hasta una virtud. Otros usan la política para enriquecerse o para alimentar su ego y algunos se vuelven expertos en hablar, hacen gala de su oratoria, se aprenden de memoria frases célebres que descrestan y emocionan, pero en la práctica no aplican lo dicho; y lo peor es que algunos han caído hasta en la comisión de delitos para acceder al poder. Desafortunadamente se han dado motivos.

Pero no se puede generalizar, pues muchos otros nos involucramos en la política con el firme propósito de aportar al desarrollo y servir de manera sincera. El reto es que le devolvamos la dignidad y la seriedad a la política, que generemos toda una cultura, donde la población vote a conciencia y elija a los mejores, donde primen las ideas, las propuestas, los valores y principios, y se actúe con transparencia y respeto por lo público y por la población; donde construyamos el porvenir a partir de nuestros sueños y visiones, pero con acciones y resultados concretos, donde la controversia sea la de las ideas y los argumentos y no los insultos, calumnias, noticias falsas, propaganda negra o el dinero.

Invito a que demos un debate con altura, constructivo, donde sean el Huila y sus municipios los grandes triunfadores. Solo así podremos recuperar la confianza, paso fundamental para la construcción colectiva del desarrollo y del bienestar común.

 

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