Jorge Guebely

De los lenguajes creados por el ser humano, el de la música –seguido del poético- es el que más se acerca a sus territorios sagrados. Un concierto de Bach nos eleva el espíritu a las alturas celestiales. Contrariamente, el político se comporta como el más infernal. Un discurso de Hitler exacerbaba los ánimos de su grey y los inducía ciegamente al crimen.

Lenguaje político, infierno semántico, sus palabras significan tantas esperanzas que no significan nada. Engaños retóricos, oasis sobre desiertos sociales. Allí todo es incierto, hasta los enemigos son fantasmas, estrategias para triunfar. Especialmente para la guerra que es política con medios distintos, según Clausewitz.

La Unión Soviética constituyó el esparrin de Reagan para adelantar guerras en el planeta. Bush padre inventó a Hassan Hussein para devastar al Irak, apoderarse del petróleo, vender armas y promover empréstitos financieros. Bush hijo creó a Bin Laden y al terrorismo para justificar políticas guerreristas y ganar adhesiones ciudadanas. Hoy, sin la Unión Soviética, ni Hassan Hussein, ni Bin Laden, Trump inventa dos enemigos: el capital financiero y los inmigrantes: nacionalismo contra libre mercado, capitales ultra-conservadores contra capitales liberales. Políticos que sin guerras son cadáveres políticos.

Los ultra-conservadores colombianos también inventan guerras para perpetuar sus privilegios. Antes de ayer, contra liberales donde abundaron los asesinatos: Uribe Uribe, Gaitán y miles de líderes populares. Ayer, contra las FARC, pretexto para justificar atroces crímenes sociales. Hoy, contra el castro-chavismo, las disidencias y el ELN. Viven de la guerra como el pez, del agua o el gusano, de la herida.

Y mientras el presidente combate vehementemente, con discursos y armas, a los nuevos enemigos de la patria, la exclusión continúa, la iniquidad también y la hipocresía política. Aumenta la corrupción de los deshonestos y la indigencia de los honestos. Pocos Ñoños en las cárceles y muchos Elías en oficinas gubernamentales.

El gobierno arrecia las guerras en campos y ciudades, argumenta la seguridad nacional. Pero hay más inseguridad para los colombianos en el interior del Congreso que en su exterior. Como Trump, quien sugirió armar a profesores para evitar masacres en colegios, Uribe sugiere armar a terratenientes para proteger el campo. ¿Posibles nuevas Convivir? Como en Venezuela, se disminuye el Estado de derecho y aumenta el militar. Poderoso sueño de todas las elites ultraconservadoras: promover Estados militares y guerras para consolidar poder político y el negocio de las armas que mucho les pertenece.

Para eso sirve el lenguaje político, para exacerbar emociones patrióticas, crear infiernos sociales y conservar el poder de las elites ultra-tradicionales

 

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