Cecilia López Montaño

Hoy la noticia destacada en medios internacionales es sobre las denuncias de acoso sexual contra Oscar Arias, Premio Nobel de Paz, y expresidente de Costa Rica, sin duda una destacada figura latinoamericana. Poco a poco van cayendo esos personajes, que por ser hombres han sentido que tienen todo el derecho de cometer este tipo de actos con mujeres cercanas. El movimiento #MeToo sigue tomando la dimensión que corresponde y debe seguir llegando a todos los rincones del Planeta, porque la verdad es que ninguna mujer se libra de este tipo de agresiones por parte de hombres, poderosos o no. Las pocas mujeres que han estado en el poder o cerca de él, han tenido un episodio que en su momento las llenó de rabia e impotencia frente a este poder masculino. Primera reflexión: los hombres importantes son tan o más acosadores que aquellos que no llegan a altos niveles de poder.

 

Pero además es el momento de comentar, que además del acoso sexual hay otras expresiones de machismo que consciente o inconscientemente ejercen sobre las mujeres aquellos hombres que se consideran importantes. Por ejemplo, una de esas expresiones que hemos sufrido quienes hemos sido compañeras de trabajo de muchos de estos figurones, es su incapacidad de aceptarnos como iguales en el ámbito laboral o en debates propios del ejercicio profesional. Percibirnos a nosotras, las mujeres, realmente como equiperas es algo que los hombres no hacen, porque siempre se sienten varios pisos arriba. Así seamos la prueba de la fortaleza, del carácter, de la eficiencia, estos hombres importantes se las arreglan para en algún momento hacernos sentir su superioridad, la que creen tener. Si esto no es machismo entonces ¿qué es? Segunda reflexión: el hecho de que nunca se les pueda denunciar por acoso sexual a algunos de ellos, no los ubica como hombres modernos del siglo XXI.

 

Lo más grave de esta realidad que vivimos a diario todas las mujeres en el mundo laboral, es que casi con absoluta seguridad esta es una actitud inconsciente de muchos hombres. Y lo doloroso es que las mujeres no estamos exentas de culpa. Los criamos como los reyes del hogar y del universo; los consentimos; les toleramos sus excesos y sobre todo no les enseñamos desde niños que la igualdad de género no es un discurso, ni una frase, sino un principio fundamental de convivencia en esta sociedad llena de mujeres tan o más educadas que los hombres. Nuestra contribución a la desigualdad de género es más grave cuando con nuestra actitud hacemos que nuestros hombres se sientan más importantes. Es decir, el machismo de muchas de nosotras es el elemento menos discutido y aceptado actualmente. Este comportamiento que termina en todas estas expresiones, se nos devuelve a las mujeres en todas las etapas de la vida, como un búmeran. Tercera reflexión: el machismo femenino debe ser reconocido, analizado y resuelto si de verdad queremos llegar a la igualdad entre hombres y mujeres.

 

Por ello, ahora que el #Metoo ha tomado estos inesperados alcances, es el momento de empezar a profundizar en todas las dimensiones del machismo, para así acabar con mitos sobre esta dolorosa realidad. La actitud de superioridad frente a la mujer se da en todos los niveles educativos y los hombres al final no solo nos acosan, sino que de manera probablemente más sofisticada terminan subestimando las capacidades de mujeres. Capacidades que no solo son iguales, sino que probablemente en muchos casos, son superiores tanto como seres humanos y como profesionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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