Norberto Antonio Castaño Buitrago

Las cifras no mienten. Durante el año 2018 fallecieron en Neiva como consecuencia de accidentes de tránsito 49 personas, la mayoría de las cuales se movilizaba en una motocicleta. Cuatro de las víctimas fatales fueron menores de edad. Durante el año 2017 murieron 46 personas, 6 de ellas menores. En relación al número de personas heridas, se reportaron 495 casos en 2018 con una reducción significativa frente a 2017, cuando se tuvieron 861. El mes de mayor accidentalidad fue junio.

Pero, ¿qué está incidiendo para que se presenten todos estos accidentes? En una sola palabra, podemos afirmar que se trata de “imprudencia”. Si analizamos el caso de los motociclistas, es común verlos a altas velocidades, hacer giros prohibidos, adelantar en curva, realizar acrobacias, utilizar el celular, tres o más personas en la moto, conducir en estado de embriaguez, entre otras conductas. Algunos, por no decir la mayoría de conductores de motocicletas, creen que con pitar van a lograr que un carro que está retrocediendo se detenga, cuando lo “prudente” sería reducir la velocidad o incluso detener la marcha.

De nada servirán las campañas que realicen las autoridades de tránsito si los ciudadanos no acatan las recomendaciones. Que en Neiva la movilidad es un caos, es muy cierto, pero los actores de la vía que somos todos -peatones, ciclistas y conductores-, muy poco aportamos para mejorar esa situación.

Si hablamos de los ciclistas, ellos olvidan que también deben cumplir con las normas de tránsito y es muy común verlos pasar semáforos en rojo, circular en horas de la madruga o en la noche sin elementos lumínicos e incluso en estado de alicoramiento (he visto los domingos a varios ciclistas después de hacer el recorrido hasta El Juncal, municipio de Palermo, sentados cerca de la Universidad Surcolombiana consumiendo, no una, ni dos, sino muchas cervezas).

Caso aparte son los peatones. No utilizan los andenes, no hacen el cruce de vías por los lugares habilitados y no utilizan los pocos puentes peatonales existentes. Qué falta autoridad, dirán algunos de los lectores, teniendo toda la razón. Sí, falta autoridad, pero lo más importante es que falta conciencia ciudadana. Debemos entender y aceptar que si existen normas de tránsito, estas deben ser acatadas y respetadas.

Y recuerden la frase “si yo cambio, cambia el mundo”.

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