Dayana Méndez Aristizábal

El episodio ocurrido con la publicación de la foto íntima del personero de Neiva, me ha vuelto a hacer pensar en esto de lo que vengo a hablarles. Pero antes quiero resaltar algo. Es absurdo escandalizarnos por la foto de un semidesnudo y que lo realmente vergonzoso de este país, no nos indigne y nos genere reflexión alguna. Por otro lado, pretender desprestigiar el trabajo de alguien con este tipo de métodos es muy bajo y deleznable. Habla mucho de la calidad de sujetos que están detrás de todo esto.

Sin embargo, han abundado las muestras de solidaridad y apoyo para el personero por diversos medios, a las cuales me uní y lo sigo haciendo desde esta columna, lo cual es en cualquier caso, algo reconfortante para la víctima de este tipo de prácticas. Dicho esto quiero plantear un interrogante para que se lo respondan muy sinceramente: ¿Creen que si el protagonista de esta historia en lugar de ser personero, hubiera sido personera, la gente habría reaccionado de la misma manera?, ¿habrían sido las mismas reacciones de solidaridad y de “es irrelevante y no pasa nada”?

Pues yo me lo pensé y mi respuesta fue ¡NO!, no habría sido lo mismo, porque  socialmente hay una carga mayor de pudor exigible a las mujeres, se les pide ser más cuidadosas con su cuerpo, que sientan más vergüenza por exponerlo (incluso por disfrutarlo), que no anden por ahí mandando esas fotos, que si no querían que publicaran las fotos pues para qué las enviaban, etc. De hecho, en su comunicado en Facebook, el personero deja ver cómo una de las frases de apoyo que recibió de su entorno echaban mano de su condición de hombre para ignorar lo sucedido: “muchos me dijeron eres hombre eso no es nada”. La sociedad nos ha hecho sentir que eso no se ve tan mal si eres hombre pero que es gravísimo si eres mujer, muchas han llegado a suicidarse por las burlas y las humillaciones que han recibido después de que han sido expuestas en fotos o videos.

O ¿quién no se acuerda del video de Luly Bosa? (así no lo haya visto), a ella se le sigue recordando por el video que se publicó teniendo sexo con su expareja mientras a él el episodio no le afectó en lo más mínimo y es recordado por ser el creador de Zumba (el sistema de entrenamiento corporal con baile).

Estas prácticas se conocen como “porno-venganza” y atentan contra la intimidad personal, y pretenden que la víctima trasgreda esas normas moralmente aceptadas de pudor y decoro en público y máxime si del cuerpo y los genitales se trata. Las mayores víctimas de estas prácticas son las mujeres, a quienes generalmente sus exparejas exponen socialmente sin su consentimiento, con el ánimo de humillar, intimidar o extorsionar incluso.

Es muy importante que recordemos que la víctima no es culpable de nada, que el único responsable es quien publica algo que se dio en la intimidad de una pareja. Es importante también que reflexionemos sobre lo que compartimos por redes o enviamos por WhatsApp, es la vida de alguien la que se hace pedacitos cada vez que damos “enviar”. Y finalmente, que el momento nos sirva para reflexionar con qué vara estamos midiendo a unas y a otros; por qué aun humilladas y traicionadas, a ellas les dicen “putas” y a ellos simplemente “eres hombre, eso no es nada”.

 

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