Gabriel Calderón Molina

El pasado 7 de este mes, este periódico le dedicó sus páginas centrales a resaltar la interesante propuesta de hacer de Pitalito, una `Ciudad del Museo`. Se trata de un proyecto presentado a la Administración Municipal para convertir a Pitalito en una ciudad museo, uno de cuyos gestores es el artista Didier Peña para lo cual la Administración Municipal destinó la suma de $100 millones para su ejecución.

Como huilense y sureño, me entusiasma este proyecto de la economía naranja con el cual se busca culturizar más la ciudad y ser un gran ejemplo para el país. El interés demostrado por el Ministerio de Cultura y Proexport, asegura no solo su éxito turístico, sino también comercial. Las fotos publicadas, dejan ver los alcances artísticos de esta valiosa iniciativa.

Pitalito siempre ha sido un lugar de artistas, en muchos campos, empezando por los artistas artesanales que elaboran hermosas piezas de barro, como la familia Vargas y muchos otros, cuya fama nacional e internacional es reconocida. Están los escritores, entre los cuales, son un ejemplo, Benhur Sánchez, Winston Morales y, además, poetas, pintores, artesanos y escultores. Basta con recordar lo que hacía en sus tiempos el educador Teófilo Carvajal para asegurar que este proyecto podrá ser exitoso en la medida que las fuerzas vivas de este municipio respalden esta idea a lo largo del tiempo. Siempre he tenido claro que los museos no son solamente para coleccionar piezas, sino comunicar, educar, conservar e investigar y exhibir al público. Además, para albergar la memoria material e inmaterial, elevar el espíritu y dar placer al visitante. Los museos deben ser entidades eficientes y pedagógicas para que la ciudadanía los valore. Su existencia es característica de los pueblos cultos que desean mostrar su pasado y sus virtudes a las futuras generaciones.

Por otro lado, Pitalito tiene muchas fortalezas para un museo de historia agraria a partir de restos físicos de lo que fue la hacienda de Laboyos, cuya historia nacional del café omiten los que han escrito sobre este tema. Esto no se puede olvidar, como se ha hecho en Neiva con José Eustasio Rivera que, mientras en Orocué, Casanare, están montando un museo a su memoria basado en La Vorágine, en el Huila estamos lejos de hacerlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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