Los seres humanos en general, debemos tomar decisiones a diario; todas ellas con diversos grados de importancia y urgencia, algunas pueden tener efectos representativos de forma inmediata o futura, de tal manera que es importante encontrar un proceso eficiente que nos permita filtrar la información disponible, en la mayoría de los casos limitada, para evaluar diversos escenarios y decidir por aquel que presente menos riesgos y nos genere la mayor satisfacción y sobre todo tranquilidad, tanto económica como emocional.

Desde niños, recibimos educación en casa y desde esa época aprendemos con el ejemplo de quienes nos rodean, de tal manera que nuestros padres son nuestros primeros (y para siempre) maestros en las estrategias para la toma de decisiones. En familia, se habla y se definen parámetros sobre la alimentación, la forma de vestir y de comportarnos, el ahorro, el modelo educativo a seguir y en muchos casos nos moldeamos un patrón de vida y felicidad, que en general está enfocado en conseguir un trabajo e ingreso “estable y duradero”, comprar una casa y conformar una familia. Este proceso formativo, el de alcanzar un trabajo estable con ingresos fijos, limita la generación de fuentes que nos permitan atender los gastos que con frecuencia son variables y sobre todo crecientes, siendo esto último una de las principales causas de estrés en la vida moderna que con frecuencia nos lleva a escuchar frases como “la plata no alcanza” o “estamos vaciados pero contentos”, usual en personas que tienen un empleo con salario fijo, pues por lo general, dentro del presupuesto familiar, los gastos superan los ingresos.

 

Sobrecostos asumidos

Para financiar ese déficit de recursos, aparecen diversas opciones que se consideran atractivas y sobre todo que están al alcance de la mayoría, de tal manera que podemos acceder a créditos en bancos y entidades financieras, en los fondos de empleados y hoy en día hasta en los supermercados de cadena. Obviamente esta financiación tiene un costo, que incrementa notablemente la obligación adquirida y compromete a largo plazo nuestros ingresos, y estoy seguro en la mayoría de los casos, con el desconocimiento real, de los valores asumidos como sobrecosto.

Tomar cartas en el asunto para equilibrar ese presupuesto familiar requiere orden y compromiso, iniciando por reconocer en detalle los ingresos que se pueden generar y lo más importante, los gastos que normalmente se asumen en familia. En este último, con seguridad encontrará renglones en los cuales puede hacer esfuerzos y lograr espacio para el ahorro. Ejemplos de los hábitos que generan gastos, como los denominados hormiga, los encontramos a diario, como: la compra de tinto o agua en la calle, el mecato de medias nueves o segundilla, la compra de rifas y para aquellos que son de vida más social las cervezas los viernes en la tarde. Todos estos elementos los encontramos en diversos estudios realizados en el ámbito local y coinciden con resultados obtenidos por expertos en otras zonas del país, que además destacan la capacidad que tenemos para aceptar trabajos con ingresos fijos, así sepamos de entrada que el sueldo no alcanza; lo cual nos señala el camino del endeudamiento.

 

Disparadores de estrés

Recientemente, hemos visto noticias que nos inducen a pensar que los llamados “gota a gota” son disparadores de estrés y depresión en la gente, lo cual resulta lógico, pero hay que tener claro que somos nosotros quienes a diario tomamos decisiones que nos llevan negociar con estas alternativas de financiación y otras que son iguales o más costosas, pero que lucen amigables.

En conclusión, entre todos deberíamos generar espacios para dialogar sobre la educación financiera que nos permita mejorar nuestras finanzas personales, que va más allá de los simples ingresos y gastos de nuestra vida diaria y compromete otras medidas que debemos tomar con mucha seriedad como el fondo de pensión que vamos a seleccionar o la casa que queremos comprar y lo que es más importante si vamos a continuar con el presupuesto actual. Es fundamental iniciar por un dialogo en familia, que unifique nuestro proyecto de vida en grupo y genere una red de apoyo entre los miembros, para que las decisiones nos generen tranquilidad y tomemos el control financiero de nuestras vidas.

 

Por: Carlos Salamanca Falla

Especialista en Finanzas, docente investigador de la Universidad Surcolombiana

Comentarios