Dicen ser conscientes de los distintos riesgos que corren al ejercer la prostitución, como ser víctimas de violencia física, psicológica, sexual, feminicidio, contraer enfermedades de transmisión sexual, embarazo no deseado, exposición de drogas y alcohol.

Luto y tristeza en el gremio de las trabajadoras sexuales causó el feminicidio ocurrido el pasado fin de semana en la capital huilense de Lina Marcela Puentes, de 29 años. Su cuerpo fue hallado envuelto en un colchón al interior de una vivienda, luego de haber desaparecido tres días antes con un hombre, del que salió del establecimiento comercial donde laboraba como mesera y prestaba servicios sexuales. Lina, deja cuatro hijos huérfanos.

Pero este no es el único caso que ha conmocionado a los opitas. El 11 de febrero de 2018, el cadáver de Valentina Fajardo Mosquera, de 18 años, era hallado abandonado, desnudo y envuelto en una sábana dentro de una bolsa de basura negra en una zona boscosa, en inmediaciones del Sena Industrial de Neiva.

Y el pasado 25 de noviembre, Nataly Salcedo fue asesinada a puñal dentro de la habitación de un hostal ubicado en el centro de la ciudad, por un vendedor informal que habría contratado sus servicios sexuales.

Los tres casos, no pueden más que encender las alarmas sobre los riesgos a los que están expuestas las personas que ejercen el trabajo sexual, y si se cumple la protección laboral y de derechos que les fue reconocida hace 10 años por la Corte Constitucional.

 

Sexo, sudor y lágrimas

El Diario LA NACIÓN, pudo dialogar con dos jóvenes mujeres que ejercen la prostitución en uno de los establecimientos nocturnos ubicados en la zona sur de Neiva. En un primer piso, al ingresar se observan unas ocho habitaciones pequeñas y sofocantes por el calor, cada una con su baño, en donde estas trabajadoras además de realizar la actividad sexual, residen. Allí acuden luego de negociar el servicio con el cliente en el bar del segundo piso.

El lenguaje utilizado a veces es hostil, el aire es sofocante. Aparece Catalina* de 27 años y ojos enmarcados en el negro intenso del lápiz y el rímel. Nació en el Casanare, y ha ejercido como trabajadora sexual desde hace 8 años es varias partes del país, menos en su tierra, por respeto a su familia, dice.

“Yo era una niña de casa, vivía con mis padres. Pero después de la muerte de mi papá las cosas cambiaron, él era el que nos daba de todo y entonces me tocó a mí hacer el papel del hombre de la casa porque mi hermano estaba más pequeño. Un día desesperada de tantas deudas agarré mi maletín y me fui para Villao, llegué al terminal y pregunté por un negocio de mujeres y ya, empecé. Yo hago esto por necesidad, por mi hijo de 8 años y mi hermano menor que están estudiando y darles lo que necesitan”.

A Neiva llegó hace más de un año, es una plaza donde siempre le ha ido bien, asegura.

“Hay noches que está duro y uno se acuesta blanqueado. Los fines de semana generalmente uno se acuesta con cinco máximo. No tengo preferencias de edades con mis clientes, uno ve es como el tipo de hombre, las caras, no me voy con cualquiera. Ahorita está dura la vaina. En diciembre me pude sacar trabajando 1 millón y medio, me quedé con 500 mil y el resto lo mandé para mi casa”, menciona Catalina*.

A su lado sentada está Angélica* tiene 23 años, es venezolana, llegó para las fiestas de San Pedro del año pasado a la capital opita. Admite que en su país no ejercía el trabajo sexual, sino que ayudaba a su mamá a atender una tienda, pero como ahora la situación económica y social allá no está igual, decidió venirse a Colombia, para darle de comer a su mamá y su hijita de 6 años.

“Yo hago esto por necesidad, hay algunas niñas de 14 años que por que con esto cogen plata ya quieren seguir con ese estilo de vida”.

Ambas dicen ser conscientes de los distintos riesgos que corren al ejercer la prostitución, como ser víctimas de violencia física, psicológica, sexual, feminicidio, contraer enfermedades de transmisión sexual, embarazo no deseado, exposición de drogas y alcohol.

“En todas partes donde trabajamos el patrón le exige a uno los exámenes, uno se los hace por cuenta propia. Hay clientes que piden cosas inusuales, algunos les gusta que los ‘choquen’, o hacer tríos. Una vez me salió un cliente que quería amarrarme de las manos, pero yo no accedí a eso. Este oficio también lo cansa a uno mucho y más porque quita muchas oportunidades de compartir con la familia”, menciona Catalina*.

“He corrido con la suerte de conocer personas buenas, no me ha pasado nada grave porque soy muy nerviosa y no me voy con cualquiera. No me gusta estar con viejos como llegan aquí frecuentemente. Una vez uno me quería pegar en la cara y yo me salí de la pieza, lo dejé ahí. Algunos son malhablados, te dicen apúrate que mi plata vale, o cosas así”, cuenta la joven venezolana.

 

Las trabajadoras sexuales pagan 10 mil pesos al establecimiento por el servicio de habitación.

 

Casas de lenocinio

Claudia Jaimes, es representante de la Asociación Diversa del Sur, Diversur. Defiende y vela por los derechos de las trabajadoras sexuales que ejercen en los establecimientos nocturnos de la zona sur de Neiva.

Aclara que en estos establecimientos no se les obliga a hacer nada que ellas no quieran, cada una decide si atiende o no a un cliente. “El establecimiento no les quita a ellas comisión, lo que cobra es 10 mil pesos por el servicio de habitación. Aquí se vender licor, y ellas negosean con el cliente el valor del servicio sexual que quieran brindar”.

Son muy exigentes en manejar unas reglas de “respeto al mercado” para evitar inconvenientes entre ellas, colocando un rango de precios. Media hora tiene un precio de $50 mil pesos, aunque por lo general algunas personas piden quedarse con ellas hasta el amanecer en ese sitio o se las llevan para un hotel o motel.

La Administradora y representante Jaimes, menciona la importancia de lograr que estos establecimientos sean legalmente constituidos como casas de lenocinio y reglamentados en el POT de la ciudad como tal, y no simplemente como establecimientos de comercio y venta de bebidas alcohólicas, ya que así ayudaría en parte a que estas mujeres ejercieran su labor de una manera más segura.

Por iniciativa propia, estos negocios se han trasladado hacia la zona industrial para bajar el impacto socio cultural que conlleva esta actividad. Ya son seis los establecimientos ubicados en esta zona sur de Neiva, donde trabajan cerca de 100 mujeres de nacionalidad venezolana.

Tan solo en los establecimientos nocturnos de la zona sur de Neiva, unas cien mujeres venezolanas ejercen la prostitución.

¿Labor digna?

El gremio, pide el acompañamiento de las autoridades, de la Administración y sus diferentes Oficinas como la de Inclusión de Genero. “Que de verdad nos incluyan, que al menos recibamos una citación o invitación para que estas mujeres sean capacitadas en  emprender una actividad económica diferente, solo las juzgamos, pero no le damos herramientas para que puedan cambiar su calidad de vida. Tenemos que empezar por brindarle programas de formación, de emprendimiento, inclusión, y desarrollo de su personalidad, mejorar su autoestima, hacerles talleres”, menciona Claudia, quien lleva dos años en Neiva trabajando con estos establecimientos.

Asegura que así mismo el tema de la atención en salud con esta población está descuidado.

“A finales del años 2017 tuvimos una serie de capacitaciones, nos enviaron personal de enfermería hasta acá, nos hicieron una charla muy dinámica sobre incluso cómo usar el preservativo y las enfermedades de transmisión sexual. Pero pasó todo el 2018 y no hubo un solo control de salud por parte de las autoridades. Dijeron que no había los reactivos necesarios para poder realizarlos de forma gratuita. A través de un convenio con Profamilia que nosotros mismos gestionamos, mañana nos realizan los exámenes de VIH, sífilis por 39 mil pesos, es una promoción porque están casi por 60 mil pesos”.

También hacen un llamado a las autoridades de Policía, en el propósito de establecer un protocolo de seguridad para ellas.

“Soy confiada y respetuosa uno A del trabajo de la Policía Nacional con sus controles y patrullaje todos los días, y que están muy prestos a cualquier situación que se presente en los establecimientos. Pero bueno sería que pudiésemos contar con ellos con programas de prevención, en que ellas aprendan a detectar ciertas condiciones atípicas en las personas, aprendan a manejar ciertos protocolos de comunicación. El personal de la Sijin, del CTI, personal investigativo, son los expertos en el tema y los que nos pueden orientar de una mejor manera”, propone la señora Jaimes.

Según dice, en estos establecimientos llevan un control a través de unas fichas técnicas, en las cuales se tiene información de los datos de las trabajadoras sexuales. Con el tema de las venezolanas vienen adelantando algunas acciones con la Oficina de Migración Colombia, pues algunas de las jóvenes llevan esperando hasta dos años un pasaporte.

 

El proyecto

La Asociación Diversur trata de conseguir con la ayuda de los concejales Juan Pablo Perdomo y Roberto Escobar la aprobación de un proyecto que está en estudio, por la dignificación del trabajo sexual en la ciudad de Neiva buscando que se consolide como una actividad económica, de trabajo digno, y donde se cumpla con todos los protocolos de salud, seguridad y bioseguridad.

“Buscamos que la atención en salud sea más asequible para que ellas puedan contar con los exámenes de rigor, estén seguras y puedan brindar un servicio social también seguro  la comunidad. Ellas son una población flotante, así como hoy están acá, mañana pueden estar en otra ciudad, entonces se puede organizar mediante un código, un carné la manera como puedan acceder a cualquier entidad de salud del país para hacerse sus controles y sepan cuál es su estado de salud”, explica Claudia.

El comercio con la sexualidad en las discotecas Puppies de esta ciudad, en los parques, por whatsApp, redes sociales, es también una realidad que no se puede desconocer. El llamado es a las autoridades para que al afrontar el fenómeno de la prostitución se incluya una perspectiva de derechos humanos.

“Yo confío en que el alcalde como médico también que es y conocedor de esta situación, nos de la mano, armemos una mesa de trabajo y empecemos a hacer mucha cosas en pro de esta población que ejerce la prostitución en la ciudad. Que no se vea como un trabajo informal, sino como un trabajo dignificado”, concluye Claudia Jaimes.

Facil acceso a atención en salud y más seguridad para ejercer su trabajo de manera digna, exige el gremio de trabajadoras sexuales. Fotos Sergio Reyes.

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