Consuelo Serrato

 

Consuelo Serrato de Plazas

Muy seguramente habrás escuchado decir que «cuando el hambre entra por la puerta el amor sale por la ventana».

Vivir en pareja se constituye en una de las experiencias más gratificantes que podemos llegar a experimentar. Sin embargo, en el trasegar de la relación surgen discrepancias que sin duda interfieren en su funcionalidad. De una parte, provocan que la dinámica de la relación se debilite y en el peor de los casos concluya. En contraste puede llegar a constituirse en una oportunidad propicia para poner en marcha habilidades de resolución de conflictos dirigidas a gestionar las dificultades de manera eficaz que permitan salir airosos de ese trance pues tal y como lo expresara Shakespeare «El curso del verdadero amor nunca ha corrido sin problemas».

Es bien sabido que las crisis económicas no solo forman parte de la volatilidad de los mercados financieros, sino que también pueden llegar a impactar de manera negativa la vida en pareja. Si bien es cierto las que optan por un enlace religioso y hacen uso de los votos tradicionales, una de las promesas que se formaliza en la ceremonia nupcial es la de permanecer juntos  «en la prosperidad y en la adversidad, en la riqueza o en la pobreza…» no obstante tal fórmula se halla un tanto desvirtuada pues a diario las rupturas se tornan más frecuentes y justamente una de las barreras que inciden en su estabilidad está relacionada con dificultades en la economía familiar.

Se tiene la creencia que el amor todo lo puede. Sin embargo, en la cotidianidad no todo es color de rosa.  Recordemos que la vida en pareja está ligada al contexto y si el entorno en el que se vive no es el apropiado el vínculo amoroso tiende a debilitarse. De todos es sabido que los apremios económicos derivados del desempleo de uno de sus miembros o los malos hábitos financieros, por citar algunos, suelen ser una de las principales causas de distanciamiento emocional. Tales eventos hacen que afloren patrones de comportamiento traducidos en descalificaciones y reproches que inevitablemente contribuyen a enrarecer la dinámica familiar al extremo de tornarse en ciertos casos insostenible.

Con todo conviene tener presente que abandonar el barco no es la solución. En esa medida es fundamental no perder de vista que el bien a tutelar es la relación y por tanto es fundamental hacer el mayor esfuerzo en la búsqueda por encontrar soluciones adecuadas en medio del conflicto, pues tal y como lo expresara el escritor británico John Ruskin «Cuando el amor y la habilidad trabajan juntos, el resultado es una obra maestra».

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