Las hermanas Mulcue atienden de domingo a domingo en la esquina de la iglesia San José.

La multa de 834.000 mil pesos que recibió un joven en la ciudad de Bogotá, por comprar una empanada en un puesto ambulante, ha desatado gran polémica en el país. LA NACIÓN, salió a las calles de Neiva y habló con algunos vendedores informales y ciudadanos que calificaron la medida como “absurda”.

El artículo 140 del Código de Policía, en su numeral seis prohíbe “promover o facilitar el uso u ocupación del espacio público en violación de las normas y jurisprudencia constitucional vigente”, pegados a esta norma, los policías multaron al joven, algo que resulta inaudito para los vendedores ambulantes.

Marleny de Díaz, lleva más de 50 años ubicada con su puesto de comidas frente a la iglesia del barrio Campo Núñez y con la venta informal de empanadas, oficio que aprendió de su madre, sacó adelante a seis hijos. “Este punto donde yo estoy es muy bueno, ya es tradicional, todo el mundo me conoce en este sector. Hacer empanadas es una tradición que viene desde mis abuelos y aprendí de mi mamá”. Para doña Marleny sus empanadas son las mejores porque “están hechas con amor”. Ella además destacó que “ahora trabajar es un delito, me parece mal eso que hicieron los policías, porque uno trabaja honradamente y no hay empleo, imagínese alguien como yo, que ya estoy vieja ¿Dónde va a conseguir trabajo?, los recibos llegan y hay gastos que solventar”.

Otro punto tradicional en la capital opita, es el que se encuentra ubicado en la esquina de la iglesia San  José del barrio Altico, allí las hermanas Yuli Andrea y Carolina Mulcue, dos jóvenes emprendedoras, heredaron de su madre, que murió hace tres años, el puesto de empanadas que venden a 500 pesos.

“Nos hacemos unas 500 empanadas al día, llevamos en este punto como familia unos 25 años, primero fue mi mamá, ahora nosotras estamos aquí. Hacemos todo muy bien, la clave está en el guiso, dejarlo bien preparado, bien sazonado, además le ponemos arvejas y carne”, dijo Carolina que expresó que atienden a su clientela de domingo a domingo. “Siempre se nos vende todo, ya este punto es muy conocido y nos buscan bastante, además porque son bien económicas”, resaltó.

Para los opitas, la norma que impide comprar en el espacio público es “injusta” y debería ser replanteada.  “Todo el mundo tiene derecho al trabajo, la gente de algo tiene que vivir, es una medida absurda”, expresó Enrique Tovar.

Por otro lado, Gustavo Gómez dijo que “es una norma sin sentido, la solución no es la sanción a los vendedores ni a los que las compramos. La verdadera solución es buscarles alternativas de trabajo”.

Para las hermanas Mulcue, que han sacado adelante a su familia con la venta informal, esta medida solo trae más desempleo. “Nosotras no entendemos cómo nos pueden afectar así, es injusto, trabajamos honestamente, es fatal porque vivimos de hacer esto, así como muchas personas. El Gobierno no da trabajo, ni deja trabajar”.

Juan Torres, se ubica con su puesto de empanadas frente a la cancha de fútbol y la pista de patinaje de Campo Marte, él fielmente cada semana vende las empanadas que prepara su esposa, con lo que mantienen a su familia. “A mí me va bien en este punto, la gente viene y me compra y yo las atiendo bien, les ofrezco algo de tomar y se llevan las empanadas”.

Frente al artículo del Código de Policía dijo que “me parece terrible que la gente no pueda comerse lo que le gusta en la calle, es un error muy grande que solo genera desempleo. Con la venta de empandas sobrevivimos mi esposa, mis hijos y yo y si ya no pudiera vender, pues no sé qué tendríamos que hacer”.

Marleny de Díaz lleva 50 años ubicada frente a la iglesia del barrio Campo Núñez.

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