Froilán Casas Ortiz

Definitivamente quienes seguimos unas reglas de comportamiento ciudadano, aprendido en el ejemplo de los padres en familias constituidas y con el gran apoyo académico de la tradicional Urbanidad de Carreño, -vademécum de conducta social seguido en todos los centros de educación primaria y media a lo largo y ancho del país-. Quiero comentarle, amigo lector, algunas reglas de urbanidad que vivimos y que ahora resultan, en muchos ambientes, obsoletas y ya superadas. A nosotros, a mi generación nos enseñaron a decir: señor, señora y no a llamar por el nombre cuando todavía no hay ninguna confianza. A quienes estaban investidos de autoridad les decíamos: Señor Gobernador, Señor Alcalde; no, ´hola gobernador´; ´hola alcalde´. Nos enseñaron que, el tuteo se da solo entre personas de igual jerarquía y cuando hay absoluta confianza. Nos enseñaron que comer en la calle es un irrespeto y una falta de buenas maneras.  Nos enseñaron a decir, ¡gracias! Qué melodiosa palabra, ¿verdad? Tan poco usual hoy. Todo se cree que es obligación. Al ingrato se le sale a deber. Nos enseñaron a saludar cortésmente: buenos días, buenas tardes, señor, señora. No: ¡Hola! Tan impersonal, ¿verdad? Nos enseñaron a mirarle la cara al interlocutor, quien merece respeto. Hablarle mirando la computadora y más frecuente aún, viendo el móvil: ¡Qué falta de respeto!; ¡qué grosería! Eso es desconocer al otro. Nos enseñaron a darle el andén a las damas y más, a personas de  edad. Nos enseñaron a tratar a las mascotas con el cariño que se les debe dar a los animales; no a “personalizarlas”, llamándolas: Lucas, Matías, Mateo, Josefina, etc. Los animales son criaturas de Dios al servicio de los humanos; el único que es “imagen y semejanza de Dios” es el hombre. A los animales hay que tratarlos bien, no dándole la categoría de humanos. Nos enseñaron a guardar las debidas distancias ante personas mayores en edad, dignidad y gobierno; eso no es culto al otro, o discriminación; eso se llama, sencillamente, respeto. Nos enseñaron a tener buenos modales en la mesa y en el juego: en el juego y en la mesa se conoce al caballero. Nos enseñaron que quien llega, saluda. Nos enseñaron a anunciarnos antes de entrar; nos enseñaron a pedir permiso, nos enseñaron a decir: ¿Se puede? Nos enseñaron a hacer las visitas a tiempo, no a las horas de comida. Nos enseñaron a vestirnos con discreción, sin exhibicionismos, con un sano recato. Nos enseñaron que el pudor hace parte del respeto que debemos tener con nuestro propio cuerpo y el cuerpo de los demás. Nos enseñaron a utilizar el tono de voz adecuado al recinto. No hay cosa más fastidiosa que escuchar las conversaciones del otro: ¡Qué mal uso del celular! ¡Qué paradoja! Hoy los hermosos medios de comunicación nos están llevando al mayor aislamiento y soledad. Nos enseñaron a mantener bien aseado nuestro cuerpo, por salud y por respeto a los demás. Nos enseñaron a no seguir sin ser invitado. La conducta ciudadana nos permite convivir en sociedad; sin ella, somos antisociales. ¿Será que con esas reglas de conducta, estaremos resultando unos especímenes raros?; ¿estamos llamados a recoger?

Comentarios