Froilán Casas Ortiz

El año entrante, 2019, cumpliremos doscientos años de Independencia. Podemos preguntarnos: ¿cuáles han sido los resultados?; ¿hemos superado el colonialismo y la mentalidad de dependencia? Creo que nos falta mucho para sentirnos verdaderamente libres. De pronto hemos cambiado de amo, pero, sobre todo, nuestra mentalidad no ha superado la sujeción a la “metrópoli”. Adoptamos en teoría el sistema democrático, ¡enhorabuena! ¿Tenemos madurez democrática? Falta mucho para tenerla. En buena parte son culpables los líderes políticos que no han superado el discurso clasista y resentido, “combatiendo”a la pobreza y “utilizando” a los pobres como bastión electoral. Los electores han sido idiotas útiles de los demagogos de turno, que cultivan una cultura del “dar pescado antes que enseñar a pescar”. Hemos dicho en sendas columnas que el mejor caldo de cultivo para que llegue el “mesianismo” comunista es la miseria de los pueblos. Los líderes populistas se hacen del pueblo y, en llegando al poder, oprimen y esclavizan al pueblo. Nicaragua y Venezuela, son apenas unas muestras evidentes de estas tiranías, -infortunadamente los jóvenes, especialmente los universitarios no se dan cuenta de esto-. ¡Cuidado! No hay peor verdugo que aquél que ha sido esclavo. La corrupción y el clientelismo son otro caldo de cultivo para que lleguen los regímenes totalitarios. En una de sus alocuciones el papa Francisco nos hacía ver el peligro de las ideologías populistas. “Un aspecto fundamental para promover a los pobres está en el modo en que los vemos. No sirve una mirada ideológica que termine usando a los pobres al servicio de otros intereses políticos y personales. Las ideologías terminan mal, no sirven. Las ideologías no asumen al pueblo … Las ideologías terminan en dictaduras, piensan por el pueblo, no dejan pensar al pueblo”. En nuestra patria a lo largo de las dos centurias de vida republicana, cada partido se ha arrogado la defensa de los pobres, pero seguimos viendo cinturones de miseria. Las reformas han sido tibias; un tumor no se extirpa con compresas, se necesita el bisturí. El bisturí que acometa unos cambios estructurales, que pisen callos en favor del bien común. Hay que superar muchos intereses partidistas y se respete la cultura del pueblo, cultura que tiene unos valores que deben ser respetados. Los colombianos que pagamos impuestos, estamos pagando muchos subsidios. He insistido que debe cambiarse el subsidio a la mendicidad por el subsidio a la productividad. Si hay alguien que merece apoyo es quien trabaja. La cultura de la fila para recibir los subsidios que pagamos quienes tributamos es interminable. Con frecuencia no se consiguen trabajadores para desarrollar proyectos productivos, sobre todo en el sector agropecuario. Las políticas de vivienda gratis, por ejemplo, han sido un desastre; el remedio ha resultado peor que la enfermedad. La gente ha sido hacinada en “cajas de bocadillo”, sin capacidad de desarrollarse en proyectos productivos. Se aplica esta frase de la sabiduría popular: lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta.  La danza de los billones en la contratación de los programas sociales se plaga de corrupción. Las Ías son insuficientes para meter a la cárcel tantos pillos. La corrupción llega hasta los lugares más recónditos.

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