Los padres, regularmente, cargan frustraciones y las descargan en sus hijos, sin entender que no son iguales y por ende no van a ser lo mismo que sus padres. Sin embargo, es importante que antes de intentar conocer a los hijos, descubran quiénes son y cómo son, porque parte del éxito al momento de educarlos, partirá de la aceptación que cada uno se tenga como persona individual. Lo verdaderamente hermoso no se ve con los ojos, se siente con el corazón.

El colegio Colombo Inglés del Huila, tuvo como invitado al profesional Orlando Terré Camacho, académico e investigador de las áreas del saber y la ciencia pedagógica con especialidad en Neurodesarrollo Infantil de la Universidad de Barcelona, España, y habló acerca de este gran reto que tienen los padres y las instituciones, pues esta es una tarea donde la familia, la educación y sociedad, juegan un papel muy significativo.

¿Por qué es importante reconocer a los hijos?  

En estos momentos todas las naciones y sobre todo Iberoamérica, trazan nuevas líneas de trabajo en una transformación de los sistemas educativos, intentando reconocer a las nuevas generaciones.

Es decir, ha existido, históricamente, un divorcio entre la escuela y la familia mediada por la sociedad y ahí es que nos surge desde la enseñanza que educar es tarea de tres, que en este proceso no solo participa la escuela, si no que se inserta el trabajo colectivo con la familia y la sociedad.

Los niños están siendo educados por generaciones pasadas y hay que entender que no hemos sido formados para ser padres, sino que nos ha llegado como una construcción generacional. Por lo tanto, no visualizamos un nivel de preparación de la familia para asumir los retos que la misma sociedad nos traza, por ejemplo, la tecnología, las sociedades desarrolladas y las nuevas investigaciones que tienen que ver desde una urgencia genética y biológica hasta lo social.

La familia debe ser autónoma y democrática, pero la verdad es que nunca hay un consenso en las decisiones porque ya tenemos todo preseleccionado y eso parte también desde la construcción genética de la familia, de la formación antropológica. Debemos abrazar las diferencias entre unas y otras, los limites, las conductas, porque todo eso transita por una necesidad que debe ser trabajada por la familia y concebida por los padres de familia.

Es importante entender que un buen circuito familiar produce un buen producto social que lo traza la nueva educación, la escuela. Para mí la familia es el núcleo primario de la sociedad, pero bajo esta construcción social tenemos que seguir trabajando.

¿Cómo debe ser el circuito familiar?

Algunas ideas que yo puedo aportar en el tema de la familia está relacionada en que el circuito debe ser emocional. Es decir, hay que emocionar el cerebro para que el niño aprenda, pero hay que emocionar las conductas para que el niño genere una construcción desde y para la familia.

Segundo, la autoestima es un tema muy importante a trabajar con los niños y jóvenes dentro de la familia y si no tenemos en cuenta las emociones, también transitan hacia una frustración que es lo que más se encuentra en las sociedades, como niños que no han sido amados, que han tenido una sobreprotección familiar pero no los hemos sabido independizar para un trabajo dentro del plano de las sociedades.

Otro factor es la violencia familiar. Hay un nivel alto de incidencia y comunidades violentas que generan personas violentas. Si en la familia no hay procesos de organización, esto puede incitar en sus hijos y una de las cosas fundamentales es el comportamiento. Muchas veces nos frustramos como padres porque lo que estamos haciendo no ha tenido el resultado esperado y yo creo que tiene que transitar hacia los límites y normas para obtener lo que quiere.

¿Qué tan importante es la relación de los padres y maestros?

Hay un divorcio que se ve en sus sustratos. Yo creo que es fundamental enlazar los padres de familia y la escuela dentro de la construcción que le das al maestro. No se pueden educar generaciones de hoy, sino sabemos cuál es el propósito de la familia y escuela.

La actitud que debe asumir el maestro tiene que estar siempre basada en la aceptación del otro, en el conocimiento de las características psicopedagógicas y sociales que identifican a los sujetos en el manejo de la propia conducta del niño y cómo la transfiere a la familia.

Algo en lo que hago mucha insistencia es que somos de la generación del ‘No’. Neurolingüísticamente, la negación a primado, por lo tanto, hay que mirar hacia la parte de las emociones, construir nuevos discursos y aceptar lo que estamos haciendo. Es muy importante el saludo afectivo, las dinámicas afectivas, comprometernos uno y otros tanto en la escuela y familia, al final el único responsable de las buenas prácticas serán los hijos y alumnos.

¿Cómo pueden manejar los padres el tema de la tecnología?

Hay muchos temores relacionados con el desarrollo de la tecnología. Hay niños pequeños que solicitan los dispositivos y vemos que dándole el dispositivo se calman y aquí está en el gran problema.

Yo considero que el niño está preparado para asumir la tecnología cuando tiene conciencia de su cuerpo, realmente, no se puede decir que todos los niños están preparados en cierta edad porque todos son diferentes y cada uno da la respuesta a esa individualidad, pero evadir la tecnología es una tarea imposible porque toda la información que el sujeto quiera recibir y conocer está en el medio tecnológico.

Sin embargo, considero que se debe dosificar, mediarla, buscar una sociedad que se eduque en los principios de manejo de la instrumentación tecnológica y aquí tienen un papel importante la escuela y familia.

Las victimas en el proceso de acercamiento del niño a la tecnología no es de ninguno de los dos, vendría a ser un elemento social, pero sí se puede analizar cómo la escuela hace productos educativos con el manejo de la tecnología y cómo la dispone la familia.

Negar el desarrollo, sería negar la evolución, pero sí debería mejorar el uso práctico de la tecnología, no verlo como dañino más bien, como avance para la escuela y el desarrollo humano.

 

“Hay que entender que no hemos sido formados para ser padres, sino que nos ha llegado como una construcción generacional”.

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