La alegría, pasión y amor que transmite en el escenario comenzó a forjarse desde los 5 años con el Sanjuanero Huilense. Vivió en Neiva junto a su mamá y su hermano mayor. Como todo niño, Juan David Cortes Monroy, se sentía atraído por el fútbol, pero es el baile lo que fluye por sus venas creando coreografías con movimientos únicos que han capturado la mirada de artistas nacionales e internacionales.

En diálogo con LA NACIÓN habló acerca del camino que ha recorrido, el mundo que encontró y los sueños que tiene por cumplir, sin dejar a un lado la humildad que lo caracteriza pero que en algún momento sintió perder.

¿Siempre contó con el apoyo familiar?

Mi mamá ama que yo baile, por ella que no hiciera más y vengo de una familia en la que casi todos mis tíos fueron bailarines. Mi mamá siempre me llevaba a todo, me animaba y corregía lo que yo hacía, prácticamente era mi manager cuando estaba pequeño. Incluso, tiene un cuaderno donde pegó todos los recortes del periódico en los que salía, acompañado de una pequeña descripción. Cada vez que puedo lo veo porque me recuerda los inicios, es muy lindo.

Sin embargo, hay un problema social porque la gente cree que todo el que baila es gay, eso me ocurría en el colegio. Los niños eran muy complicados, yo bailaba todo el tiempo y me tenían apodos como ‘Mariposita’.

¿Esas actitudes lo afectaron?

Sí claro, fue algo que me marcó. Yo estaba en una escuela de baile y a los 14 años me retiré porque me sentía presionado. Para ese entonces ya estaba en octavo y todo ese tema estaba generando un problema en mi personalidad, no me sentía cómodo con nada, tenía susto y me comencé a confundir con muchas cosas. Así que preferí dejar de bailar por un año para ver si se calmaba todo.

¿Qué sucedió en ese año?

Bailar es mi pasión, yo no lo hago por dinero. En ese año me sentí muy mal porque sabía que necesitaba hacerlo, pero tenía miedo. Yo bailaba folclor porque es lo que prevalece en el Huila y en ese tiempo comencé a ver videos de baile urbano, entonces como no quería ir a ninguna academia, hacia las coreografías que veía en el video en mi casa y comencé a dejar el baile folclórico por el urbano.

¿Siempre vio el baile como su profesión?

A los 16 años seguía bailando, pero no me veía como bailarín profesional. Yo quería estudiar Derecho, presenté las pruebas del ICFES y pasé a la Usco, pero entonces la academia en la que estaba me envió a Bogotá a un evento de baile urbano, allá conocí a unas personas que me animaron a quedarme, pero me devolví a Neiva con eso en la cabeza.

Pasó un tiempo y regresé a la capital para bailar, practicar e hice algunos castings, se me ocurrió que podía irme del todo a estudiar y bailar, pero mi mamá me dijo que no. Me volví a ir y me quedé, eso le dio muy duro a ella porque sintió que no había tenido en cuenta su opinión, pero no fue algo que yo planeara, una situación lo cambió todo.

¿Qué pasó?

Yo iba a una agencia solo a mirar, no me dejaban entrar porque no me conocían y era nuevo. Un día llegó el coreógrafo de J Balvin y me dijo que si podían cortarme el cabello de alguna forma para participar en una novela donde tenía que bailar con él.

Llegamos a RCN y la novela era ‘El Man es Germán’ que en ese entonces era lo más duro en la televisión. Ensayé un par de días, grabamos, me fue super bien y me pagaron más de lo que esperaba, yo venía acostumbrado que en Neiva el pago no era así. En ese momento me di cuenta que podía vivir de eso si las cosas se hacían bien.

¿Qué vino después de eso?

Entré a una agencia de baile y modelaje, hacía eventos con marcas, pero con uno que otro artista porque me vía muy joven y eso me acomplejó, no podía dormir, me corté el cabello de mil formas, hasta que un día una compañera me dijo que fuera a bailar con Pipe Calderón en un programa de televisión. Todo salió muy bien y el manager me llamó porque quería que siguiera trabajando con ellos, ese fue el primer artista propio con el que trabajé.

Estar en el medio permitió que me vieran otros artistas, ya no trabaja con la agencia y en el transcurso de todo eso, no dejaba de tomar clases de baile, porque el hip hop se divide en muchas ramas. Así que trabajé con Maluma durante 8 meses, seguía haciendo cosas con J Balvin y luego conocí a Andy Rivera.

Mientras bailaba con Pipe Calderón y Andy Rivera, conocí a Dálmata un artista puertorriqueño. Comencé a trabajar con los tres al mismo tiempo, pero se cruzaban mucho las fechas y me tocó dejar de trabajar con Dálmata porque era mucho trabajo y no iba a cumplir con lo que exigían. Esto no se trata de pensar solo en dinero y trabajar con cinco artistas.

¿Es un medio muy complicado?

Mentalmente es muy fuerte, te puede destruir y generar cosas malas. Se ven drogas, mujeres y muchos excesos. Una vez hicimos un show privado en una finca que al parecer era de un narcotraficante. El show duró una hora, pero el cliente pidió, de nuevo, una canción y puso al artista a cantar vallenato. Ya cuando se aburrió, no nos dejó ir y nos tocó quedarnos a dormir. Al otro día nos dejó ir, pero fue un momento de tensión porque no sabíamos qué iba a pasar. El medio es muy duro porque no sabes con qué te vas a encontrar.

¿En algún momento se le subió la “fama” a la cabeza?

Sí, llegaba a algún lado y no saludaba, viajaba a Neiva y mis amigos me querían ver, pero yo no contestaba. En ese tiempo estaba trabajando con los tres artistas, viajaba mucho y tenía contacto con artistas todo el tiempo, entonces subieron los humos a la cabeza.

Yo creía que había tocado el cielo con las manos, sumándole que el trato con los artistas es muy especial, te hacen sentir importante, entonces la gente te comienza a reconocer, pedir fotos y autógrafos.

Yo no lo vi, pero comencé a creerme cosas que no tenía sentido y mi mamá me hizo caer en cuenta que estaba muy crecido y con un comportamiento muy feo. Entendí que así sea la persona más famosa del mundo, no hay que mirar a nadie por encima del hombro.

¿Qué tiene en cuenta para hacer una coreografía?

Dependiendo de la letra de cada canción se hacen las coreografías. Actualmente, soy el productor artístico de Andy Rivera, lo cual tiene más responsabilidad porque debo estar pendiente de todo el escenario. Y es ahora que debo montar el show completo de un artista que le doy gracias a Dios porque pude pasar diferentes géneros y estudiar el baile. A estas alturas tengo un estilo de baile propio, recogí lo que más me gustaba de cada género y lo cree. Siento que esa es la idea, un bailarín debe estudiar, recoger y luego montar cosas propias.

¿Qué planes tiene para su futuro?

Ahora se viene algo muy chévere con Andy Rivera que es salir de gira por otros países y se está montando el nuevo show. A largo plazo me gustaría tener un restaurante porque gracias a los viajes he conocido la gastronomía de otros lugares que me ha abierto la mente a otro arte como la gastronomía. A parte que un bailarín puede trabajar, máximo, hasta los 32 años y siento que para mí va a ser mucho antes porque el cuerpo puede estar bien, pero la mente no.

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