Froilán Casas Ortiz

El título de esta columna lo tomo de un bello libro del gran teólogo cristiano católico suizo del siglo pasado, Hans Uns Von Balthasar. Definitivamente la doctrina no llena, sólo impacta la vida, la conducta. Las bibliotecas están llenas de libros, por cierto, muchos de ellos, de un enorme valor, no cabe duda. Sin embargo, al nivel de la fe, solo una fe traducida en la vida, en la conducta, es digna de aprecio, de admiración, de seguimiento. Si hay algo que impresionó en la vida del imperio grecolatino, fue el testimonio, la vida de los seguidores de Cristo. No tuvieron que organizar un partido político para llegar al poder; no se fueron a las montañas, a formar guerra de guerrillas; ellos vivían en ciudades griegas, latinas, bárbaras, ¡ah! Su “modo de vida” dejaba sin palabras a quienes vivían a su alrededor. Como dice un escrito de un autor anónimo del siglo II, Carta a Diogneto, “los cristianos comparten la mesa no el lecho”. Esta carta es una verdadera apología de los cristianos y nos hace ver que los seguidores de Jesús, no hacían publicidad levantando carteles, vallas y revistas, sino que su vida atraía a todos aquellos que desconocían el Evangelio. Después de tantas persecuciones, las más crueles la de Nerón en el año 65; la de Decio en el año 250, la última, la de Diocleciano en el año 304. Finalmente, “cayó” el coloso imperio pagano en el año 313 por la fuerza avasalladora del testimonio de vida de los seguidores de Jesús. Infortunadamente, con el trascurrir del tiempo, los cristianos, muchos de ellos se destiñeron y con su vida desordenada falsearon la ricura del Evangelio. ¡Ah! Donde está el ser humano, hay miseria. El hombre sin Dios es una bestia feroz.  ¡Cómo hemos hecho de Dios una triste caricatura!  Muchos cristianos, con su vida, desdibujan el Evangelio, incluso lo hacen inocuo e incluso, incómodo y fastidioso para aceptarlo. A la luz del Evangelio, no hay un ser más humano que un cristiano. Ser cristiano debe ser la garantía de la calidad humana. ¡Lástima que esto no se da con mucha frecuencia! Donde quiera que haya un cristiano, debería experimentarse el cielo en la tierra. “Al mundo le falta vida, le falta corazón, le falta cielo a la tierra si no lo riega tu amor”. El amor es un lenguaje universal, todo el mundo lo entiende. ¿A quién no le gusta que lo amen? Entonces, ¿por qué usted no ama? ¿Por qué es tan huraño y agresivo? Si usted es una persona tóxica, váyase a vivir sólo, no le amargue la vida a los demás. Si el mundo estuviera lleno de cristianos, ya estaría el cielo en la tierra. No basta predicar el Evangelio, hay que hacerlo creíble; el Evangelio no se demuestra, el Evangelio se muestra. El cristiano está llamado a ser evangelio encarnado. Por favor, obras son amores y no buenas razones. No haga de Cristo un “producto” comercial. Por favor, por atracción no por proselitismo. Deje los argumentos, discusiones inútiles, manifieste su fe en la vida, no con meros “aleluyas”.

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