Uno de los elementos de los que no se deja de hablar desde el inicio de la crisis en Venezuela es una hipotética intervención militar por parte de Estados Unidos. La idea no es nueva. El presidente Donald Trump ya se refirió en 2017 a “una posible opción militar si es necesaria” en el país sudamericano.

Ahora la idea está más presente que nunca desde que Juan Guaidó se juramentó como “presidente encargado” de Venezuela el pasado 23 de enero y Nicolás Maduro lo calificara de un “intento de golpe de Estado” orquestado con el apoyo de EE.UU.

Trump reitera desde entonces que “todas las opciones están sobre la mesa”. Y aún resuena el polémico mensaje de “5.000 militares a Colombia” visto en un cuaderno del asesor de Seguridad de la Casa Blanca, John Bolton, quien instó a los militares venezolanos a apoyar a Guaidó.

Un artículo de la universidad estadounidense de Harvard de 2005 repasó los episodios en los que EE.UU. intervino en América Latina para cambiar gobiernos, concluyendo que de 1898 a 1994 había ocurrido hasta en 41 ocasiones: una vez cada 28 meses.

“Las intervenciones, generaron un resentimiento innecesario en la región y cuestionaron el compromiso de EE.UU. con la democracia y el estado de derecho en los asuntos internacionales”, escribió John H. Coatsworth, historiador y autor del artículo.

Atendiendo a este estudio de Harvard, recordamos algunos países de América en los que intervenciones “directas” dieron un giro radical a su política nacional.

Cuba

El interés de Estados Unidos por expandir su territorio a finales del siglo XIX fue trascendental para que pusiera su foco en el Caribe, donde España conservaba algunas de sus últimas colonias que se negaba a vender a Washington.

Cuba, inmersa en su guerra de independencia de los españoles desde 1895, vio cómo EE.UU. se sumaba a su contienda contra los europeos tres años más tarde.

El motivo oficial de su intervención fue el hundimiento del acorazado estadounidense Maine frente a La Habana, de lo que acusó a España aunque esta lo negara.

El conflicto, conocido como guerra hispano-estadounidense de 1898, acabó con la derrota de España y su pérdida de Cuba, junto a otras colonias como Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Aquel gobierno militar estadounidense en la isla duró cuatro años, hasta el momento en que Tomás Estrada Palma asumió como presidente de una Cuba recién independizada.

Pero la influencia de Washington, que estableció entonces su base naval en Guantánamo, era cada vez mayor. En 1906, Estrada Palma solicitó la presencia de fuerzas militares estadounidenses por el estallido de una crisis interna y de insurrección contra su gobierno.

Aquella segunda intervención estadounidense en Cuba, que se prolongó por tres años, terminó con la elección de José Miguel Gómez como segundo presidente del país caribeño.

En 1917, los marines volvieron a desembarcar en Cuba ante un clima de gran inestabilidad, lo que dificultó el correcto funcionamiento de las instituciones nacionales y fomentó la idea de solicitar una intervención extranjera en cuanto la situación en la isla no era como sus políticos habían previsto.

Panamá

Panamá es otro de los países latinoamericanos cuya historia está fuertemente influenciada por la presencia de Estados Unidos.

En 1903, la intervención de Washington fue determinante para que el país centroamericano, por aquel entonces un departamento de Colombia, lograra la separación.

A cambio, Panamá firmó el Tratado Hay-Bunau Varila por el que cedía a EE.UU. 16 kilómetros de ancho en la zona del Canal a perpetuidad, lo que dejó el país dividido físicamente en dos hasta que recuperó la soberanía de su territorio a finales de 1999.

Diez años antes, en 1989, EE.UU. bombardeó Ciudad de Panamá en un intento de capturar al general Manuel Antonio Noriega, gobernante de facto del país, y a quien la justicia estadounidense acusaba de narcotráfico.

Distintas fuentes cifran entre 500 y 4000 las muertes de civiles. Especialmente dramática fue la operación sobre El Chorrillo, un barrio popular donde se encontraba el Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa y las oficinas de Noriega, y que quedó destruido casi por completo entre grandes incendios.

Guillermo Endara, ganador de las elecciones de mayo de 1989 y cuyos resultados Noriega se había negado a aceptar, juró su cargo como presidente en plena invasión en una base militar estadounidense en la Zona del Canal. Noriega se entregó mes y medio después del inicio del ataque y fue condenado a prisión en EE.UU. En 2011 regresó para seguir cumpliendo condena a Panamá, donde murió en 2017.

México

En 1914, Estados Unidos y México protagonizaron el Incidente de Tampico, un municipio en el noreste mexicano que contaba con importantes inversiones de compañías petroleras estadounidenses.

EE.UU., que envió a la zona varios barcos para proteger a sus ciudadanos y sus intereses, criticó la detención por parte de soldados federales de algunos de sus marines que habían entrado a un área de acceso restringido.

Washington consideró de extrema gravedad este incidente y se sintió ofendido por el gobierno del presidente mexicano Victoriano Huerta.

Días después, EE.UU. ocupó la ciudad de Veracruz, en el Golfo de México, con el objetivo de evitar la llegada de un gran cargamento de armas destinado al ejército mexicano y apoyar así al general Venustiano Carranza, quien estuvo al frente del ejército constitucionalista hasta el fin de la Revolución mexicana.

Tras el bombardeo y toma del puerto de Veracruz, la intervención estadounidense culminó con la salida de las tropas estadounidenses siete meses después.

Guatemala

En 1954, Guatemala vivió un golpe de Estado como resultado de una operación orquestada por la CIA para derrocar al presidente Jacobo Árbenz Guzmán.

Árbenz puso en marcha políticas que el espionaje estadounidense consideraba comunistas y que despertaban su preocupación, así como una excesiva influencia en el gobierno nacional del Partido Guatemalteco del Trabajo.

Una de las principales políticas fue la reforma agraria y en condiciones de expropiación que afectaban a la poderosa compañía bananera estadounidense United Fruit Company, que declinó seguir en el país centroamericano ante las condiciones de Árbenz, que se negaba ampliar sus concesiones.

Bajo la justificación de supuestos vínculos del presidente con la Unión Soviética, EE.UU. apoyó la toma del país por parte del teniente coronel guatemalteco Carlos Castillo Armas con el apoyo de aviones estadounidenses.

Nueve días después de la entrada de las tropas, Árbenz anunció su renuncia.

“Las intervenciones, generaron un resentimiento innecesario en la región y cuestionaron el compromiso de EE.UU. con la democracia”

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